El Ejército de Liberación Nacional (ELN) es la última insurgencia activa en Colombia y el actor criminal dominante en la frontera colombo-venezolana. A partir de su amplia presencia en las regiones fronterizas binacionales, sus estructuras armadas emprendieron un proceso de expansión y consolidación en Venezuela.

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Mientras en Colombia opera como una organización rebelde opuesta al gobierno, en Venezuela se ha consolidado como un ejército paramilitar al servicio de los intereses estatales. Esta condición de guerrilla binacional, lo ha llevado a ser considerado como uno de los principales actores criminales de América Latina, cuyos frentes están involucrados en el narcotráfico, minería ilegal y extorsiones.

Historia

La historia del ELN en Venezuela comenzó poco después de la fundación del grupo en Colombia en la década de 1960. Desde los años ochenta, el ELN utilizó a Venezuela como refugio de los operativos de las autoridades colombianas, lo que convirtió al estado fronterizo de Apure en la retaguardia internacional de la guerrilla. En un inicio, los gobiernos venezolanos eran hostiles a la presencia del ELN, en particular después de que ocho infantes de marina fueron asesinados por la guerrilla en el estado Apure en 1995, en lo que se conoció como la masacre de Cararabo.

En 1998, el gobierno venezolano autorizó a Colombia a entrar en su territorio y perseguir a guerrilleros que se habían refugiado allí después de un ataque.

Sin embargo, la llegada a la presidencia de Hugo Chávez en 1999 significó un cambio hacia una actitud amistosa con el ELN y con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), con quienes compartía una ideología y un proyecto político similar.

Inicialmente considerado como un territorio de retaguardia para las tropas que eran perseguidas por la fuerza pública en Colombia, Venezuela fue adquiriendo progresivamente una mayor importancia estratégica y financiera para el ELN a medida que encontraron nuevas rentas ilícitas y un gobierno benévolo que toleraba su presencia.

Eso, junto con la creciente presión de las fuerzas de seguridad colombianas, los ataques de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) —una federación de grupos paramilitares de extrema derecha con vocación contrainsurgente— y una relación ambivalente con las FARC, llevó a que el ELN empezara a buscar más espacio en Venezuela.

Con el ascenso de Nicolás Maduro a la presidencia de Venezuela en 2013, la balanza se inclinó a favor del ELN y otorgó mayor favorabilidad a sus combatientes, quienes han venido protagonizando un proceso de expansión desde entonces.

A esto se sumó la firma de un acuerdo de paz entre las FARC y el gobierno de Colombia en 2016, que dejó un vacío de poder en varios territorios estratégicos en la frontera. A partir de entonces, el ELN comenzó a luchar por estos espacios con otros actores criminales y trazó como objetivo el control de la frontera colombo-venezolana.

Aprovechando la connivencia con Freddy Bernal, gobernador del estado Táchira en Venezuela, y el respaldo tácito de las fuerzas militares venezolanas, entre 2019 y 2020 el ELN logró derrotar y expulsar de ese estado a Los Rastrojos, una banda criminal colombiana heredera de los grupos paramilitares. 

Su presencia dominante en estados como Táchira le ha permitido al grupo guerrillero crear emisoras clandestinas, controlar la distribución de comida —especialmente a través de las cajas de alimentos proporcionadas por el Estado, conocidas como los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP)— y operar como una especie de autoridad aduanera en connivencia con fuerzas políticas y militares locales.

El avance sobre áreas estratégicas de la frontera no solo les ha permitido manejar corredores de contrabando y droga entre ambos países, sino que ha garantizado una ruta para movilizar tropas entre Colombia y Venezuela. Esto les ha posibilitado huir de los operativos de las autoridades colombianas con rapidez y preparar ataques desde Venezuela.

El ELN también se valió de su presencia en otros estados, como Apure, para que sus combatientes y líderes se escondieran y manejaran negocios ilegales como el tráfico de drogas y el contrabando.

En 2022, el ELN contribuyó a la expulsión del Frente 10 de las disidencias FARC —que surgieron tras la firma del acuerdo de paz en 2016— en Apure, mediante una estrategia de confrontación directa y en alianza con la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB). Esta presión coordinada, donde la acción estatal y la guerrilla actuaron en sentidos convergentes, culminó con la salida forzosa del Frente 10, permitiendo al ELN extender su control territorial sobre áreas antes dominadas por las disidencias en la frontera. En Apure, el ELN ejerce un fuerte control social, actuando como un poder de facto, resolviendo disputas entre los ciudadanos y manteniendo un orden social paralelo.

Además de su presencia fronteriza, el ELN también ha ocupado otras zonas geográficas en el centro y oriente de Venezuela. En el estado Bolívar, específicamente dentro del Arco Minero del Orinoco (AMO), el ELN aseguró el acceso y control sobre numerosas minas de oro. Su operación se sustenta en una connivencia con elementos de las fuerzas de seguridad venezolanas, con quienes reparten las rentas ilícitas. 

En enero de 2025, el ELN lanzó una ofensiva sostenida contra el Frente 33 de las disidencias de las FARC en la región del Catatumbo, uno de los principales enclaves del narcotráfico en Colombia. En esta operación, Venezuela jugó un papel decisivo: el ELN utilizó territorio venezolano como retaguardia logística para mover combatientes y lanzar ataques coordinados al otro lado de la frontera.

La ofensiva fortaleció la posición del ELN en el Catatumbo y debilitó de forma significativa la presencia del Frente 33. Esta facción también fue golpeada por la “Operación Relámpago Catatumbo”, desplegada en el estado Zulia, que afectó campamentos y parte de la infraestructura de narcotráfico vinculada a las disidencias. Esta combinación de presión militar y rivalidad armada permitió al ELN consolidarse como el principal regulador del narcotráfico en la región, en un esquema que ha implicado acuerdos y tolerancia por parte de sectores de las fuerzas de seguridad venezolanas.

Un patrón similar se repitió a mediados de agosto de 2025 en otro punto de la frontera, en los límites entre los estados venezolanos de Apure y Amazonas, cuando el ELN emboscó y asesinó a José Manuel Sierra Sabogal, alias “Zarco Aldinever”, comandante de la Segunda Marquetalia, un grupo de excombatientes de las FARC que volvieron a las armas en 2019.

Liderazgo

El ELN tiene una estructura confederada, en la cual los frentes guerrilleros actúan con independencia operativa y mantienen autonomía financiera y militar. No obstante, la guerrilla cuenta con un Comando Central (COCE), donde se concentran los cinco principales comandantes y se toman las decisiones de los ocho Frentes de Guerra en Colombia y Venezuela.

El principal comandante del ELN en la actualidad es Eliecer Erlinto Chamarro, alias “Antonio García”, quien reemplazó a Nicolás Rodríguez Bautista, alias “Gabino”, histórico líder guerrillero.

Otro importante líder del ELN, es Israel Ramírez Pineda, alias “Pablo Beltrán”, segundo al mando y quien ha representado al grupo ilegal en las conversaciones de paz con el gobierno de Colombia.

Se presume que el líder principal del Frente de Guerra Oriental, Gustavo Aníbal Giraldo, alias “Pablito”, está en Apure, Venezuela. Es uno de los comandantes con mayor relevancia dentro del ELN y se presume que es el principal enlace con el gobierno venezolano. Desde 2018, Pablito es requerido por la Interpol a través de una circular roja por varios delitos.

Además de Pablito, hay otros comandantes que también operan desde Venezuela. Los más destacados son Wilmer Albeiro Galindo, alias “Alex Bonito” y “Pedro Pablo” o “Copete”, ambos integrantes y jefes del Frente José Daniel Pérez Carrero, una estructura con gran influencia sobre las minas del estado de Amazonas.

Además de diversificar sus operaciones económicas, el ELN ha incrementado significativamente su número de miembros en Venezuela. En 2024 se estimó que de sus 6.000 combatientes, alrededor de 1.200 estarían operando en Venezuela, según reportes de inteligencia.

Geografía

La presencia del ELN en Venezuela no ha dejado de crecer en los últimos años. La información recopilada por InSight Crime confirma que la guerrilla colombiana está presente en 8 de los 24 estados de Venezuela.

Los estados donde el ELN tiene mayor injerencia son Zulia, Táchira, Apure y Amazonas. En los cuatro, la guerrilla se asentó en municipios fronterizos, lo que les ha permitido controlar economías criminales y garantizar la movilidad entre Colombia y Venezuela. 

El ELN también ha extendido su presencia a estados en el centro y este de Venezuela, como Bolívar, Barinas, Anzoátegui y Guárico.

Aliados y enemigos

Las alianzas más importantes del ELN en Venezuela son con elementos estatales de ese país, las cuales le permiten actuar con cierta libertad e impunidad en su territorio. Esto se ve aún más en los estados fronterizos con Colombia, donde la guerrilla se relaciona con agentes de las fuerzas de seguridad y los gobiernos locales; aunque estas relaciones, al estar mediadas especialmente por el beneficio mutuo, podrían no ser tan estables.

Detalles de la posible alianza entre el ELN y el gobierno de Venezuela fueron revelados por Pablo Beltrán en 2020, quien explicó que han tenido enemigos en común con el gobierno de Maduro.

Mientras tanto, un aliado inesperado del ELN fue la Segunda Marquetalia. Desde 2021, altos mandos de ambos grupos empezaron a reunirse en Venezuela para discutir la expansión criminal a lo largo de América Latina. No obstante, esta relación parece haberse fracturado luego de que el ELN asesinara a alias “Zarco Aldinever” en un ataque con explosivos en zona fronteriza con Venezuela en 2025.

Por otro lado, los enemigos principales del ELN han sido otros segmentos de las disidencias de las FARC en Apure y Arauca, como el Frente 10, asociado al Estado Mayor Central, un conglomerado de facciones disidentes de las FARC. A través de un comunicado conocido a principios de 2022, este grupo le declaró la guerra al ELN. 

Perspectivas

Aunque la guerrilla ha participado en varias conversaciones de paz en Colombia, no está claro qué incentivos reales tiene el ELN para desarmarse. En Venezuela, la guerrilla controla amplios sectores de minería ilegal, contrabando y narcotráfico, y cuenta con la bendición estatal para operar con impunidad, lo que, además, le da una ventaja estratégica frente a sus enemigos criminales en Colombia.

A esto, se le suma la importancia del ELN para el régimen de Venezuela. A medida que esta guerrilla fue exhibiendo su disciplina y capacidad militar en su expansión por suelo venezolano, demostró su potencial como un ejército paramilitar que le garantiza al régimen la gobernanza en territorios estratégicos, poblaciones y la regulación de economías criminales.

La operación militar estadounidense que derivó en la captura de Nicolás Maduro a comienzos de 2026 y el aumento sostenido de la presión militar de Estados Unidos han alterado el entorno de protección del que gozaba el ELN en Venezuela. Sin embargo, mientras el ELN siga siendo funcional a la administración de Delcy Rodríguez, lo más probable es que los acuerdos existentes se mantengan, aunque con un perfil más bajo.

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