Mientras Ecuador se enfrenta a una crisis de seguridad, altos mandos militares estadounidenses visitaron el país y firmaron una ayuda multimillonaria comparada con el Plan Colombia. Pero, ¿es posible realizar esa comparación?

Una delegación que incluía a la general Laura Richardson, jefa del Comando Sur de Estados Unidos, se reunió el 22 de enero con el presidente de Ecuador, Daniel Noboa, y otros altos cargos para hablar de la cooperación entre Estados Unidos y Ecuador en la lucha contra el crimen organizado.

La visita ocurrió a menos de dos semanas de que Noboa declarara la guerra a las bandas de Ecuador, que respondieron sembrando el caos en todo el país. Su administración ha tenido cierto éxito en los primeros días de la militarización, pero carece de una estrategia a largo plazo y tiene dificultades para financiar sus operaciones. 

«Queremos ayudar a Ecuador a través de esto», dijo Richardson en una entrevista con el diario ecuatoriano Primicias.

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Hasta ahora, Estados Unidos ha proporcionado equipos “críticos” de seguridad y respuesta de emergencias, y prometió una cartera de inversiones de cinco años que incluye equipos militares, asistencia humanitaria, respuesta a desastres y capacitaciones. El paquete de ayuda asciende a US$93,4 millones, declaró Richardson a Primicias. 

Estados Unidos también acordó aumentar la cooperación militar con Ecuador a través de operaciones conjuntas, así como incrementar el intercambio de inteligencia y la presencia del Buró Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés) para contrarrestar la amenaza del crimen organizado. 

El acuerdo puede ser comparado con el Plan Colombia, un programa de asistencia en seguridad del gobierno de EE.UU. que gastó cerca de US$10.000 millones entre 2000 y 2015, de los cuales cerca del 70% se destinó a entrenar, asistir y equipar a los militares colombianos. 

Si bien el Plan Colombia tuvo algo de éxito como estrategia de lucha contra la insurgencia, especialmente contra las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), fracasó en gran medida como estrategia de lucha contra el narcotráfico y apenas contribuyó a debilitar la delincuencia organizada.

Análisis de InSight Crime

El acuerdo de cooperación entre Estados Unidos y Ecuador contiene algunos elementos del Plan Colombia, pero es fundamentalmente diferente en tamaño, alcance y compromiso.

El plan de cooperación incluye aumentos en la cooperación entre militares, intercambio de inteligencia y misiones de entrenamiento, todas ellas características clave del Plan Colombia. Sin embargo, hay una diferencia monetaria significativa: El paquete de ayuda anual promedio proporcionado durante el Plan Colombia rondaba los US$650 millones, mientras que la ayuda propuesta para Ecuador no llega siquiera a $100 millones. 

Además, mientras que el Plan Colombia canalizó el 70% de su financiación hacia material militar, equipos de inteligencia, helicópteros, ejercicios de entrenamiento y asesores de seguridad, Richardson hizo hincapié en el compromiso de Estados Unidos con objetivos a largo plazo, incluyendo capacitaciones y la ayuda humanitaria.

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Por último, aunque Ecuador se ha convertido en una clara prioridad estratégica en la región para Estados Unidos, la inversión en Colombia también tuvo un componente personal para el público estadounidense, según los expertos.  

«La realidad colombiana estaba en los corazones y las mentes de los políticos», dijo a InSight Crime el Dr. Jonathan Rosen, profesor de política de seguridad y autor de «The Losing War: Plan Colombia and Beyond». 

«Dada su proximidad a Estados Unidos y su historia, no era difícil convencer a la gente [del Plan Colombia]. Colombia estaba en el radar promedio del ciudadano estadounidense (…) no era tan ‘distante’ como lo es Ecuador». 

Sin embargo, el Plan Colombia hizo poco por desbaratar el crimen organizado en el país o el flujo de cocaína colombiana hacia Estados Unidos u otros lugares.

«Hubo mucho éxito capturando líderes», dijo Rosen. «Pero Colombia sigue produciendo el 90% de toda la cocaína que llega a Estados Unidos, se sigue viendo una letanía de escándalos de corrupción (…) y se está viendo cómo el crimen organizado se fragmenta en todos estos diferentes grupos». 

A diferencia de Colombia, Ecuador no tiene insurgencia guerrillera. En su lugar, el país se enfrenta a un complicado panorama criminal en el que más de una docena de grupos luchan por el control de las rutas clave del narcotráfico y las economías criminales, formando a veces alianzas inestables. 

Sus instituciones están gravemente debilitadas y corrompidas, lo que convierte el intercambio de inteligencia en un arma de doble filo.

«No solo preocupa, sino que limita», dijo un funcionario del Ministerio del Interior de Ecuador que no tenía autorización para hablar en privado sobre los vínculos entre las bandas y las fuerzas de seguridad ecuatorianas. “Hay que entender que el crimen organizado no es algo ajeno al Estado”. 

Lo que Ecuador necesita, dijeron él y otros expertos a InSight Crime, es el desarrollo de la capacidad institucional y reformas sociales.

“Lo que estamos haciendo no va a eliminar de raíz el problema”, dijo el funcionario del Ministerio del Interior. “Estamos poniendo parches (…) medidas a corto plazo que no van a detener el problema si no hay cambios estructurales en el funcionamiento de la sociedad y en la gestión del tejido social».

Según los expertos, cualquier paquete de ayuda debe ir acompañado de supervisión, tanto por parte de Estados Unidos como de organismos gubernamentales ecuatorianos, grupos de la sociedad civil y periodistas.

“Si das dinero a funcionarios corruptos, pueden despilfarrarlo”, dijo Rosen. “Tiene que haber rendición de cuentas, tiene que haber transparencia (…) [Consígala] en tantos lugares como se pueda”.

Imagen principal: General estadounidense Laura Richardson estrecha la mano del presidente Daniel Noboa en Ecuador. Crédito: Sitio web oficial del Comando Sur de Estados Unidos