En unas elecciones marcadas por la preocupación ante la creciente amenaza del crimen organizado, Ecuador eligió al actual presidente Daniel Noboa para un mandato completo de cuatro años, durante el cual tendrá la oportunidad de formular una estrategia contra el crimen más coherente que la aplicada durante su presidencia interina.
Por segunda vez en dos años, Noboa, del partido Acción Democrática Nacional (ADN), derrotó a Luisa González, de la Revolución Ciudadana (RC), el 13 de abril. Ambos ya se habían enfrentado en las elecciones extraordinarias de 2023.

La victoria de Noboa por un margen de dos dígitos superó las expectativas, dado que en la primera vuelta, celebrada en enero, ambos habían quedado prácticamente empatados. Sin embargo, incluso antes de que se anunciaran los resultados oficiales, González ya había denunciado un supuesto “fraude” generalizado y aseguró que impugnaría los resultados.
González no presentó pruebas sobre el presunto fraude, y varios analistas consultados por InSight Crime afirmaron que, dado el amplio margen de victoria, no esperaban disturbios generalizados.
“Había riesgos reales si el resultado era efectivamente apretado”, dijo a InSight Crime Mauricio Alarcón, director de la Fundación Ciudadanía y Desarrollo, y representante de Transparencia Internacional en Ecuador. “[Pero] la diferencia es de diez puntos con lo cual, cualquier llamado a la violencia no tiene asidero”.
Cabe destacar que las elecciones transcurrieron sin incidentes ni hechos de violencia. Gran parte del país se encuentra bajo estado de excepción desde principios de 2024, cuando distintos grupos criminales lanzaron ataques contra las fuerzas de seguridad, protagonizaron motines en las cárceles e incluso tomaron un canal de televisión durante una transmisión en vivo.
La presencia de militares y policías fue notoria en los centros de votación, y el Consejo Nacional Electoral (CNE) anunció los resultados apenas tres horas después del cierre de las urnas.
Los días previos a la votación, sin embargo, estuvieron marcados por la tensión, que culminó en un debate acalorado durante el cual Noboa acusó a González de tener vínculos con el lavado de dinero, y González acusó a la empresa familiar del presidente, Noboa Trading, de estar relacionada con el tráfico de drogas.
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Ninguna de las acusaciones fue respaldada con pruebas, pero el espectro del crimen organizado sigue acechando al país, sin importar el resultado electoral.
Análisis de InSight Crime
Ahora que ha sido elegido para un mandato completo, Noboa deberá elaborar un plan a largo plazo para enfrentar el principal problema del país: el crimen organizado. Hasta el momento, ha demostrado escasa capacidad para hacerlo.
Si bien las fuerzas de seguridad han capturado a algunos de los principales líderes criminales y la violencia disminuyó en los primeros dos meses de 2024, luego volvió a los niveles anteriores. A medida que los grupos criminales se atomizan en medio de la violencia y las capturas, han aumentado los secuestros y la extorsión. Al mismo tiempo, los grupos criminales han asesinado a varios directores penitenciarios.
“Veo con preocupación que no hay una propuesta clara por parte del candidato ganador”, dijo Alarcón. “La inseguridad no se combate con acciones aisladas ni acciones de campaña. Es necesario que el país conozca que hay un plan”.
Los desafíos son enormes. Katherine Herrera, politóloga y especialista en Seguridad Ciudadana, dijo a InSight Crime que los grupos criminales siguen reclutando personas, a las que emplean para secuestrar y extorsionar. Agregó que estos grupos todavía controlan gran parte del sistema penitenciario, a pesar de la decisión de Noboa de involucrar al ejército en el control de las cárceles.
“Mientras las cabezas tengan el control del sistema penitenciario ellos continuarán operando las economías ilícitas desde ahí y los negocios que tienen en las cárceles también”, explicó.
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Uno de esos negocios, por supuesto, es el de la cocaína. Ecuador es un país de tránsito, y los grupos criminales se han beneficiado del auge de la producción en países como Colombia. Pero también han surgido nuevas economías criminales, como la minería ilegal de oro, que han sido tomadas por grandes organizaciones criminales en todo el país.
Estas dos economías ilícitas, en conjunto, han llevado al límite a las fuerzas de seguridad ecuatorianas. Y hasta ahora, Noboa no ha explicado cómo piensa reducir el poder de estos grupos.
Noboa seguramente recurrirá a Estados Unidos en busca de apoyo. En marzo, visitó en secreto a Donald Trump en su residencia de Mar-a-Lago, y según informes, estaría considerando permitir la entrada de tropas estadounidenses para ayudar en la lucha contra el crimen organizado.
Su gobierno también habría autorizado al contratista de defensa y aliado de Trump, Erik Prince, a acompañar a la policía en redadas en la violenta ciudad de Guayaquil. Las autoridades de seguridad ecuatorianas, según CNN, dijeron estar en conversaciones con Prince para que colabore en la lucha contra los grupos criminales.
Sin embargo, estas acciones parecen más desesperadas que estratégicas, y refuerzan el principal problema de Noboa: la falta de una estrategia clara. Aunque la asistencia de Estados Unidos podría ayudar a cubrir algunas carencias, serán los ecuatorianos quienes deberán asumir el grueso del combate que se avecina.
Imagen principal: Militares ecuatorianos haciendo una fuerte demostración de presencia durante la votación presidencial en Ecuador el 13 de abril. Crédito: Steven Dudley.



