Las trabajadoras sexuales en Perú enfrentan extorsión y violencia a manos de oficiales de policía y del Tren de Aragua.
*Este episodio también está disponible en inglés.
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Sobre este episodio
El éxito internacional del Tren de Aragua, la exportación criminal más infame de Venezuela, se construyó sobre un modelo basado en explotar a las personas más vulnerables. Los integrantes de la banda llegaron a Perú siguiendo la ruta de las personas migrantes y después apalancaron su negocio a costa de las trabajadoras sexuales.
El control del Tren de Aragua sobre el trabajo sexual en Lima ha dejado un rastro de asesinatos de trabajadoras sexuales que se niegan a ser extorsionadas, crímenes que la banda utiliza como mensaje para aterrorizar a las demás. Pero, incluso en medio del miedo, hay quienes siguen alzando la voz para resistir y para mantener viva la memoria de las que ya no están.
En 2024, periodistas de InSight Crime conocieron a Leida Portal y Ángela Villón, dos activistas que durante décadas han defendido a las trabajadoras sexuales de Lima frente a un Estado que las abandona, una policía que las abusa y extorsiona, y una sociedad que les da la espalda. Hoy, su lucha no es solo por el derecho de las trabajadoras sexuales a una vida digna. Es una lucha por sobrevivir.
Transcripción
[00:00:01] Steven Dudley: Hola. Acá Steven Dudley, codirector de InSight Crime. Antes de empezar una sugerencia y una advertencia. La sugerencia: pónganse audífonos. Y la advertencia: este episodio contiene descripciones de violencia física y sexual. Algunas partes pueden ser difíciles de oír. Esta historia también está disponible en inglés. Revise nuestro feed si prefiere escuchar esa versión. Ahora vamos a la historia.
[00:00:37] María Fernanda Ramírez: Yo soy María Fernanda Ramírez. Ahora mismo, en muchas partes de Perú, las trabajadoras sexuales están siendo cazadas — cazadas con “z”. Fui allá para entender por qué. Y esta historia empieza con una madre, su hija y tres hombres.
[00:00:59] Leida: Bajan y la cogen a mi hija a meterla al carro…
[00:01:02] María Fernanda Ramírez: La mujer que habla se llama Loida Portal, está contando el momento en el que intentan secuestrar a su hija a plena luz del día en una calle de Lima.
[00:01:02] Leida: Fíjate, dieciséis años y estaba yendo con su amigo para la librería.
[00:01:16] María Fernanda Ramírez: La hija de Leida se llama Rosa. Cuando los tres hombres intentaron llevársela, su amigo se puso a gritar.
[00:01:23] Leida: Vecinos, se la están llevando a Rosa, la están robando a Rosa. Entonces los vecinos comienzan a salir y comienzan a pararse delante del carro.
[00:01:29] María Fernanda Ramírez: Los hombres la soltaron y huyeron del lugar.
[00:01:32] Leida: Se meten al carro y arrancan, pero les tomaron foto al carro. La gente tomó fotos al carro.
[00:01:38] María Fernanda Ramírez: Los vecinos creían que era un robo. Pero Leida… ella sabía que era otra cosa.
[00:01:44] Leida: Cuando después averiguamos ese carro era de una persona que era técnico de la policía, también de inteligencia.
[00:01:51] María Fernanda Ramírez: De la policía. Todo cuadraba. Días antes Leyda había denunciado a unos agentes que la golpearon mientras trabajaba. Y ya había recibido amenazas.
[00:02:02] Leida: Esos años tenía que caminar con chaleco antibalas.
[00:02:07] María Fernanda Ramírez: Para muchas trabajadoras sexuales como Leida, la policía no significa protección, significa peligro. Y eso que todavía se les venía algo peor.
[00:02:16] Leida: Desde el 2020 vemos que de ahí se comenzaron a emplear lo que son el revólver y arma blanca.
[00:02:22] María Fernanda Ramírez: Un nuevo actor apareció. Yahí sí la cacería de verdad empezó.
[00:02:29] Leida: Tuvimos venezolanos que son de mafias y llegan a tu departamento y te dicen vas a pagar y si no pagas te vamos a matar.
[00:02:51] María Fernanda Ramírez: Este es el pódcast de InSight Crime donde los llevamos a los rincones más remotos de América Latina y el Caribe para entender cómo funciona el crimen organizado. Hoy la historia de Leida y de su lucha por los derechos de las trabajadoras sexuales. Primero contra la policía peruana. Y después contra esa máquina de terror llamada el Tren de Aragua. Leida Portal tiene 59 años, es bajita, de ojos oscuros y el pelo lo lleva teñido de azul. En febrero de 2024 mi colega Lara Loaiza y yo fuimos a buscarla a Lima.
[00:03:36] Lara Loaiza: ¿Listo? Bueno. ¿Cómo estás, Leida? Cuéntanos, ¿Quién es Leida?
[00:03:43] Leida: Claro, ¿Pero tú me vas a seguir preguntando, verdad? Ah, ya. ¿Sí, porque si no, no me voy por las ramas, sabes?
[00:03:49] María Fernanda Ramírez: Y sí, Leida se va por las ramas, pero entre una rama y otra fue apareciendo lo importante. Nació en una familia pobre. A los 19 años vendía ceviche y ya tenía cinco hijos. Un día uno de ellos se enfermó del corazón y necesitaba una cirugía muy cara. Así que, Leida entró al trabajo sexual para salvarlo. En Perú el trabajo sexual vive en un limbo. No es ilegal, pero tampoco está regulado y está lleno de estigma.
[00:04:19] Leida: Estamos vistas de una mala manera.
[00:04:21] María Fernanda Ramírez: Los proxenetas eran duros, pero los peores eran los policías. Ellos les decían a mujeres como Leida, la mentira de que lo que hacían era un delito. Y con esa mentira les sacaban plata. Les cobraban un cupo.
¿Cómo es el cobro? ¿Puedes explicar un poquito eso del cupo?
[00:04:39] Leida: A ver, te explico. Le llamamos cupo porque viene un policía y te dice estás trabajando, tienes que pagar tanto. ¿Pero por qué voy a pagar? Porque te estamos dando la seguridad. El cupo es de pagarle de acuerdo a lo que ellos lo ven. Si creen de que yo debo de pagar 200 semanal si quieren cobrar 500, 500 quincenal, y lo hacen.
[00:05:01] María Fernanda Ramírez: Y tienes que pagarles. Si no, hay consecuencias.
[00:05:05] Leida: Te siembran droga, te mandan hasta la cárcel. La policía se encarga siempre de embarrar a las trabajadoras sexuales, cuando no pagamos cupo.
[00:05:13] María Fernanda Ramírez: Leida lo pagó durante años.
[00:05:14] Leida: Me dolía pagar siempre, porque yo tengo una familia, no, y tengo que hacer mis gastos, pero la mitad era para pagar casa, pagar luz, pagar agua y la mitad era para ellos. Yo no podía darme un lujo de celebrar un cumpleaños, de irme a un viaje. No podía porque siempre tenía que estar supeditada a pagar.
[00:05:31] María Fernanda Ramírez: En 2010, a los cuarenta y tantos, Leida fue a un taller sobre derechos de trabajadoras sexuales. El taller lo daba una mujer que dijo algo que le hizo click, que el trabajo sexual no estaba penado. Que lo que ella hacía no era un crimen. Y que el crimen era lo que los policías hacían cuando las extorsionaban.
[00:05:51] Leida: Y yo me puse a pensar y dije bueno, entonces si no está penado, entonces yo voy a reclamar, ya no voy a pagar más.
[00:05:57] María Fernanda Ramírez: La primera vez que Leida decidió decirle que no al cupo fue apenas una semana después de ese taller.
[00:06:04] Leida: Me fue mal, muy mal.
[00:06:08] María Fernanda Ramírez: Leida estaba con un cliente y lo que sigue es ella contando por un par de minutos lo que pasó. Es duro. Entonces cuarto de un edificio. Leida semi desnuda. Tres policías tocan a la puerta.
[00:06:24] Leida: El cliente se levante y se viste y dice me voy preocupado de que la policía esté en la puerta. Entonces yo sobre, abro la puerta para que el cliente salga. El cliente ya no pudo salir porque ellos entraron. Ahí es cuando yo reacciono y les digo a ellos que no voy a pagar el cupo, porque yo sé que trabajo sexual está penado y todo lo que hacen ellos es un delito. Y me comenzaron a grabar que si no pagaba me iban a hacer pública como puta… en la prensa. Me comenzaron a escupir la cara, me tiraron un golpe donde me sueñan a mí. Y te juro que cuando yo caigoal piso, yo veo como si fuera imágenes de televisión, en mis ojo. Veo a mis hijos, a mis niñas, veo correr, veo a mis padres, veo a las personas de mi familia. Mi mente decía ya estoy muerta, ya estoy muerta, ya fui, ya, ya. Y yo escuchaba como si fuera un eco que decía se te fue la mano concha tu madre. Lo decía así. Entre ellos se insultaban los tres policías y ya comienzo yo a respirar. Y vuelvo a decir terca, yo, terca yo que lo que me están haciendo es un delito. Y así los tres comenzaron con sus cámaras a grabarme como un animal que está sentada ahí y te graban y te hacen así, te patean pa que tú te muevas. Y entonces así todo me grabaron a mí. ¿Cómo te puedo decir? Sentada ahí, uno de acá me insultaba, el de acá me insultaba. Se me acercaba aquí y aquí. Mi frente, aquí, mi frente.
Me dijo. ¿Tú que eres? Tú eres puta. Concha de tu madre. Tú no tienes derecho. Mírame. ¿Quién soy yo? Yo soy una autoridad, concha de tu madre. Mírame bien.
Y su saliva de él porque él me hablaba con qué ira que me hablaba, porque sus ojos eran horribles. Me miraba tan cerquita a mis ojos y sus salivas. Quien me gritaba me caían en la cara.
Mira, mírame mi concha a tu madre, quien tiene la autoridad en la mano soy yo. Concha a tu madre. Me decía puta de mierda, eres puta, eres puta, me decía. Y así.
Y me sacaron arrastrando, arrastrando me sacaron. Y me llevan a la comisaría así como estaba me llevan a la comisaría. Y le dicen a una policía – vea qué es lo que tiene, revísala. ¿Qué me va a revisar si mi cuerpo estaba semidesnudo? — o sea, mi bata era transparente, se veía mi cuerpo, se veía el hilo dental, se veía prácticamente mis tetas porque lo que tenía top era de tul, se veía mis pezones, se veía todo. Nunca había pasado esa humillación tan grande. Y me meten ahí y yo le digo mírame como estoy, ya no tengo nada. Entonces ella agarra un guante y se comienza a poner. Y me dice a ver, sácate la ropa, pero sácate la ropa. ¿Pero por qué me la voy a sacar? Entonces viene bien cerca mi oído y me comienza a gritar Sácate la carajo. Mejor yo me la saco ya.
Yo no quería más problema con nadie y estaba me sentía sola, me sentía abandonada. Me sacó la batita, me saco el topcito que tenía de mis pechos y me saco la tanga. Entonces me dice párate frente, mira para allá, abre las piernas. Yo abro las piernas. Pon tus manos al piso. Y le digo por qué. Te he dicho que lo hagas. Y tuve que hacerlo. Tuve que hacerlo. Puse mis manos al piso y ya trágame tierra. No tuvo sentimiento. No tuvo escrúpulo. No tuvo nada. Me mete la mano a mi vagina así seca. Así, me la metió su mano en mi vagina y me rebuscaba dentro de mi vagina. Me buscaba todo, o sea, la movía su mano como quien decir, rebuscaba, la metía y le sacaba su mano. Después que saca su mano, me mira y me dice ya vístete. Yo ya no hablaba, yo ya no decía nada. Y me puse a llorar. Me puse a llorar totalmente. Ya no tenía comunicación con nadie, ya no había nadie quien hable por mí, nada.
Ya casi como a las 00:00 de la noche, casi un aproximado de 00:00 de la noche — por ahí, eh — salí. En el camino que ella y yo. Y oía llorando. Y yo decía alma de mi madre. Estoy viva. Estoy viva. ¿Sabes que es sentir que estás viva? No importa que te violen, no importa que te golpeen, no importa que te torturen, no importa nada. Pero estás viva. Yo iba llegando a mi casa y estoy viva.
No sé cómo me verían mis hijas. cuando yo llegué — mi mamá, ¿qué te ha pasado? Llegué así. Llegué como una puta. Como una puta. Con un hilo, con un hilo dental. Con una bata transparente. Con lo que yo podía. Mamá. ¿Qué te pasó? Me dicen mis hijas y le digo. Ya estoy muerta. Ya estoy muerta. Solamente quiero hablar. Solamente quiero hablar. Quiero hablar con todos ustedes. ¿Y mi hija? La mayor. Llamaré a mis hermanos. Mamá, ¿Qué pasa? Acá estamos. Dinos qué pasó. ¿Qué pasó? Y yo le dije. Les voy a confesar algo. Algo que yo jamás pensé decirles — así, abiertamente. ¿Qué mamá es? Y le digo la mamá es puta. La mamá de ustedes es puta. Puta es su mamá. Es puta.
¿Qué estás diciendo, mamá? Y le digo todo el tiempo que yo he trabajado, todo el tiempo y puteado para pagar el instituto, comida, casa, todo sale de la putería. Yo puteo para mantener esta casa. Y hoy día por puta casi me matan. Hoy día me han golpeado. Me soñaron. Estaba inconsciente y a ustedes lo vi por como una pantalla, digo, los vi como corrían, como jugaban. Y la verdad es que ya estoy muerta. Solamente me confieso, osea, soy puta y no sé qué hacer. No sé qué hacer. Quiero denunciar. Ya me mataron, estoy muerta, pero quiero denunciar. Entonces mis hijos me dijeron mamá, aquí estamos. Para nosotros, no eres una puta. Para nosotros, eres nuestra madre. Y si tú quieres denunciar, hazlo. Te vamos a apoyar.
[00:13:20] María Fernanda Ramírez: Leida no sabía muy bien cómo denunciar y tenía miedo de lo que le podía pasar. Pero entonces, se acordó de una mujer, la que había dado el taller y le había explicado que el trabajo sexual no era un delito. Una mujer de nombre Ángela.
[00:13:36] Ángela: Mi nombre es Ángela Villón. Angela Leonor. Me encanta ese nombre de Leonor, este, el nombre de mi madre.
[00:13:43] María Fernanda Ramírez: Ángela es un poco mayor que Leida. Y es probablemente la activista por los derechos de las trabajadoras sexuales más conocida de Perú. Pero esa lucha no llegó desde la teoría. Llegó desde la experiencia.
[00:13:57] Ángela: Yo inicié en la prostitución cuando tenía 17 años.
[00:14:02] María Fernanda Ramírez: Su padre — un hombre severo y muy conservador — la echó de la casa. Cuando quedó embarazada, sola, y con un recién nacido. Ángela buscó trabajo en todas partes. No encontró nada. Y así fue como terminó en un prostíbulo de Lima. Ángela entendió rápido como era la cosa con la policía. Era como crimen organizado, pero con placas. Llegaban en camiones a extorsionarlas. Ellas tenían un nombre para eso — las batidas. Por aquí hacían las batidas, iban como a pedirles el DNI. Si no lo tenían, se las llevaban para sacarles plata. ¿Para qué eran las batidas?
[00:14:39] Ángela: Cien por ciento para sacarnos dinero y para violarnos. Nos llevaban a la comisaría y nos obligaban a tener sexo a cambio de la libertad.
[00:14:49] María Fernanda Ramírez: Un día, en medio de una batida, un policía de rango bajo, un alférez, le pidió plata. Ángela se negó. Entonces el alférez la golpeó y la arrastró por la calle entre vidrios y clavos oxidados.
[00:15:04] Ángela: Recuerdo que sentía cómo se me cortaba la piel la rodilla en las piernas al momento del arrastre. Y él me insultaba — me decía eres una puta. La basura. Mierda puta. Y yo le decía alférez. Ya, ya, ya, ya perdí. Ya, alférez, por favor, ya perdí. Y cada vez que yo trataba de incorporarme, agarraba otra vez al suelo. Puta mierda. Así.
[00:15:30] María Fernanda Ramírez: Ya todo pasó frente a mucha gente.
[00:15:32] Ángela: Y nadie dijo nada. Inclusive escuché. Ah, ya. Y eso fue lo que más daño me hizo ese día.
[00:15:41] María Fernanda Ramírez: Algo dentro de Ángela se rompió.
[00:15:43] Ángela: Tenía ganas de suicidarme.
[00:15:46] María Fernanda Ramírez: Ángela es muy creyente y durante mucho tiempo se preguntó si lo que hacía era pecado, si Dios la quería o no la quería. Y ese sentimiento de culpa también estuvo ahí cuando tuvo que ponerle nombre a una de sus hijas.
[00:16:00] Ángela: En mi cabeza yo decía a mi hija no le voy a poner Ángela, porque yo no quiero que mi hija sea puta como yo.
[00:16:07] María Fernanda Ramírez: Después, la culpa empezó a ceder, y en su lugar apareció otra cosa: rabia. Rabia de ver la misma violencia una y otra vez, y que nadie hiciera nada.
[00:16:18] Ángela: Yo sentí que lo que me estaban haciendo obviamente no era justo y tenía esa sed de justicia. No de venganza, sino de justicia.
[00:16:33] María Fernanda Ramírez: Ángela comenzó a estudiar el tema y se volvió activista. En 2002, fundó la primera organización de trabajadoras sexuales de Perú, y cuando nació su última hija, las cosas ya eran distintas.
[00:16:45] Ángela: Yo dije le voy a poner Ángela porque yo soy una mujer guerrera, soy una mujer sobreviviente, soy una mujer que siento que nada me va a obstaculizar.
[00:16:52] María Fernanda Ramírez: A esas alturas, Ángela ya había empezado a decirles a otras mujeres lo que a ella le tomó años entender. Que el trabajo sexual no era un delito. Y que la policía se aprovechaba de esa confusión para sacarles plata. Empezó a dar talleres por toda Lima. Fue a uno de sus talleres al que asistió Leida y por eso, cuando la policía la golpeó, la grabó y abusó de ella, Leida supo a quién llamar.
[00:17:20] Leida: Entonces esta persona, que es la señora Ángela Villón, ella me dice que ha decidido hacer, y yo le dije pues que yo quiero denunciar.
[00:17:29] María Fernanda Ramírez: Luego de poner la denuncia contra la policía con los mismos hechos que nos contó a nosotras, el hostigamiento empezó ahí mismo. La policía quería que Leida se echara para atrás. Un día un hombre se paró frente a su casa y disparó contra la fachada. Los huecos de las balas todavía siguen ahí. Poco después, fue que tres hombres trataron de llevarse en un carro a su hija de 16 años. Y cuando el caso se hizo público, también alcanzó a sus hijas más pequeñas.
[00:17:58] Leida: Mis hijas llegaban a casa y decían, mamá, en el colegio mis amigas me han dicho que tu mamá es puta. Salió por la televisión. Yo ya no tengo amigas, mami, ya no me hablan. Mi otra hija vuelta me dice, mamá, a mí también. En la escuela me ponen recortes de pornografía en mi cuaderno.
[00:18:16] María Fernanda Ramírez: Y mientras todo eso pasaba en su casa, afuera, el nombre de Leida empezaba a circular entre otras trabajadoras sexuales, y con eso empezó a sonar su teléfono. Un día una compañera la llamaba para pedirle consejos.
[00:18:30] Leida: Mañana te llamaba otra compañera y le encontraba rota la cabeza. La encontrabas violada. ¿Quién te hizo esto? No quise pagar. Me han golpeado. ¿Quiénes lo hicieron? La policía.
Otra llamaba y llamaba y llamaba hasta que me fui sumiendo más y más y más y más.
[00:18:47] María Fernanda Ramírez: Así nació su organización: Rosa Mujeres de Lucha. Y desde ahí Leida empezó a dar la pelea. Su caso iba a paso de tortuga. Le ponían una traba tras otra, pero en el camino comenzó a ayudar a otras compañeras que también sufrían los abusos de la policía, yempezó a luchar para que el trabajo sexual se regulara. Esa segunda pelea la metió en otra discusión, una igual de dura. Hay quienes rechazan la expresión «trabajadora sexual», porque creen que usarla normaliza una explotación que hay que combatir. Leida, no. Leida cree que si es un trabajo y que, mientras exista, toca reconocerlo y proteger a quienes lo ejercen. La discusión seguía abierta, pero el simple hecho de juntarse, de organizarse, les estaba devolviendo algo. Un poco de aire. Una voz. Y fue justo ahí que se les vino encima lo peor de todo.
[00:19:52] Cable de Noticias: Extorsión, prostitución, asesinatos, robos, narcotráfico, lavado de oro, contrabando. El grupo venezolano Tren de Aragua se convirtió, en pocos años, en una multinacional del crimen.
[00:20:05] María Fernanda Ramírez: El Tren de Aragua nació en una prisión en Venezuela — en el estado de Aragua — de ahí su nombre. Muy rápido pasó a otros países aprovechando el éxodo de venezolanos. A Perú, llegó en 2020.
[00:20:19] Cable de Noticias: Su extensión es imparable. Una problemática que ya tiene presencia en diez de los 14 distritos de Lima.
[00:20:29] María Fernanda Ramírez: A medida que el Tren de Aragua se fue expandiendo por Lima, buscaba dos cosas. Ganar plata y generar miedo. Porque generar miedo luego le podía hacer ganar más plata. El Tren de Aragua encontró las dos cosas en el trabajo sexual. Pero no podía llegar a cobrarles a todas, una por una en la calle. Así que empezó por arriba, por quienes manejaban el negocio. Los proxenetas. En Perú, les dicen los papis y las mamis.
[00:20:58] Ángela: Les empezaron a quemar sus casas de los papis y las mamis a correrlos, porque ellos se apropiaron de las plazas.
[00:21:06] María Fernanda Ramírez: Con los papis y las mamis fuera. El camino quedó libre, el Tren empezó a cobrarles cupo a todas. :a plata ya la tenía para lo otro, para el miedo, tenían la violencia. Y empezaron por las que según ellos, ya no servían para el negocio.
[00:21:22] Ángela: Ellos, por ejemplo, no quieren viajar a las viejas, las votan, les disparan en los pies.
[00:21:27] María Fernanda Ramírez: Lo del Tren no se parecía a lo que ya conocían. Y Ángela empezó a ir a los medios a decirlo.
[00:21:35] Entrevistador: ¿Cómo te ha ido, Ángel? Hacía tiempo que no conversábamos.
[00:21:38] Ángela: Bueno, la verdad.
[00:21:39] Entrevistador: Que nos ha ido.
[00:21:40] Ángela: Mal.
[00:21:41] Entrevistador: Cuéntame.
[00:21:42] Ángela: De mal en peor. Y nadie nos hace caso.
[00:21:46] María Fernanda Ramírez: Pero fuera de las cámaras casi nada se movía y el Tren seguía encontrando maneras de llegar a ellas. No solo a las que estaban en la calle, también a las que trabajaban por Internet. Esas historias empezaron a llegar a la organización de Leida.
[00:22:01] Leida: Entran a las páginas de las trabajadoras sexuales, chapan los números y se hacen pasar como clientes. Llegan a la habitación de la compañera. Ella abre la puerta y los quiere atender. Le ponen la pistola en la boca y le dicen se presentan ¿de qué mafia es?
[00:22:15] María Fernanda Ramírez: Cuando eso pasaba, Leida y sus compañeras hacían lo que se suponía que tocaba hacer. Ir a la comisaría.
[00:22:22] Leida: Nosotros fuimos a denunciar. Nos están cobrando. Han llegado con arma. Nos dice que son de la mafia, que son del Tren de Aragua. No les importó. ¿Para qué vienen acá? Acá solamente se atiende personas decentes, no putas. Así nos dijo el capitán.
[00:22:39] María Fernanda Ramírez: Y eso quería decir una cosa. El cobro seguía. A veces el cupo era de 100$ al día y muchas apenas hacían 50$. Algunas dejaban de comer para reunir esa plata. Otras empezaron a decir que no. Y ahí el Tren endureció el mensaje. Decían la que no pague va a conocer el plomo.
A principios de 2022, en el centro de Lima, una mujer se negó a pagar el cupo y el Tren hizo lo que dijo que iba a hacer.
[00:23:11] Leida: Fueron y la mataron casi como cinco o seis balazos en pleno trabajo.
[00:23:15] María Fernanda Ramírez: Sus primeras víctimas fueron las migrantes — venezolanas, ecuatorianas, colombianas — mujeres pobres que habían llegado a Perú buscando una vida mejor, y terminaron en el trabajo sexual. Luego, fueron por las peruanas. Y mientras eso pasaba, buena parte del país seguía mirando para otro lado.
[00:23:37] Leida: ¿Y qué decía la gente? ¿Por qué las extorsionan por putas? Las matan por putas, por puta Las matan. Y algunas compañeras callaban. Por puta nos matan.
[00:23:49] María Fernanda Ramírez: Pero el Tren ya no se estaba quedando solo en ellas.
[00:23:53] Leida: Ahora pagan los restaurantes, pagan los hoteles, pagan cupo. O sea que ahora. ¿Pues quién se va a reír? No se ríe nadie, porque ahora todos se están dando cuenta que no por puta tenía que pagar.
[00:24:12] María Fernanda Ramírez: El Tren también se peleaba con bandas locales por el control de las zonas de prostitución. Y ganaba. La policía no parecía querer enfrentarlo y las muertes de las trabajadoras sexuales tampoco parecían importarles demasiado. Pero muchas seguían diciendo que no. Durante años le habían pagado cupo a los policías. Se habían empezado a organizar para resistir y ahora no querían pagarle también al Tren. Pero el tren de Aragua es el Tren de Aragua, y no le gusta que le digan que no, así que las apretó más. La escalada de violencia llegó en febrero de 2023.
[00:24:58] Ángela: En esa semana hubo cuatro asesinatos.
[00:25:03] María Fernanda Ramírez: Ángela conocía a las cuatro víctimas. Una de ellas era Rubí Ferrer, una mujer trans peruana. Unos hombres del Tren de Aragua se hicieron pasar por clientes. La subieron a un carro y se la llevaron a las afueras de la ciudad. Allí, le dieron más de 30 balazos.
[00:25:21] Ángela: Una de las estrategias que ellos tienen para aterrorizar ya es este nivel de violencia que yo nunca antes lo había visto. ¿No? Que era que te ejecutan de una manera cruel, muy, muy cruel. ¿Lo filman y te pasan eso, no — como te matan.
[00:25:40] María Fernanda Ramírez: Los del Tren de Aragua enviaron este video del asesinato de Rubí.
[00:25:46] Tren de Aragua: Bájate por allá.
[00:25:49] María Fernanda Ramírez: A los celulares de las trabajadoras sexuales. El mensaje del Tren estaba muy claro.
[00:25:59] Ángela: Te matan porque te matan.
[00:26:03] María Fernanda Ramírez: Después de Rubí, el miedo se extendió como una corriente eléctrica entre las trabajadoras sexuales. Muchas dejaron de trabajar. Se encerraron en sus casas durante semanas.
[00:26:15] Ángela: Todo eso nos ha costado, no tienes idea. Sudor y lágrimas. Porque no sé de qué manera valorizaran nuestras vidas si las putas valemos o no. O sea, no ha sido nada fácil.
[00:26:26] María Fernanda Ramírez: Para protegerse, empezaron a organizarse como podían. Grupos de WhatsApp. Líneas de emergencia. Casas de acogida. Y luego de un tiempo, salieron todas juntas a la calle. Querían hacerse oír.
[00:26:40] Ángela: Hemos tenido que hacer muchos plantones, muchas marchas para que nos hagan caso.
[00:26:45] María Fernanda Ramírez: En febrero de 2024, mi colega Lara y yo fuimos a uno de esos plantones. Había cientos de mujeres con paraguas rojos, el símbolo de las trabajadoras sexuales en todo el mundo.
[00:26:59] Ángela: ¿Qué queremos?
[00:27:00] Manifestantes: Justicia.
[00:27:02] María Fernanda Ramírez: También había tambores y carteles que decían. Nos queremos vivas. Basta de asesinatos. Vida sí, cupo no.
[00:27:11] Ángela: No al cobro de cupo.
[00:27:16] María Fernanda Ramírez: Y ahí también vestida de rosado y negro y ayudando a otras mujeres.
[00:27:21] Manifestantes: Susana estira, estira.
[00:27:23] María Fernanda Ramírez: Roxana estaba Ángela. De hecho, ella fue una de las organizadoras de la marcha.
Ángela, ¿por qué estamos hoy acá?
[00:27:31] Manifestantes: Justo estábamos marchando porque en estos momentos estamos en completo desamparo, estamos solas y nos sentimos indignadas. Es por eso que estamos acá alzando nuestra voz por las que ya no están.
[00:27:45] María Fernanda Ramírez: La marcha hizo tres paradas: la Policía Nacional, el Ministerio de la Mujer y el Congreso. En cada una, las trabajadoras sexuales esperaban a que saliera alguien a recibir una carta. La carta pedía protección frente a la cacería del Tren de Aragua. Y la marcha no seguía hasta que la firmaran. La marcha también incluyó una puesta en escena, un performance, organizado por ellas mismas. Cinco mujeres están recostadas contra una pared haciendo como si fueran trabajadoras sexuales buscando clientes.
[00:28:18] Manifestantes: Hola, bebé… mi amor.
[00:28:23] María Fernanda Ramírez: Ángela era una de ellas.
[00:28:26] Manifestantes: Estoy en la oferta.
[00:28:29] María Fernanda Ramírez: De repente, un hombre con una máscara sale de entre el público. Es del Tren de Aragua. Tiene una pistola de juguete en la mano y les dispara a las cinco mujeres. Ellas caen al piso y sangre artificial empieza a salir de sus pechos. Nadie viene a socorrerlas y ellas agonizan lentamente frente al público.
[00:28:58] Manifestantes: Nos están matando.
[00:29:01] María Fernanda Ramírez: Las cinco quedan acostadas casi boca abajo, una detrás de la otra, en fila india. Ya no gritan. Ya no hablan. Están muertas.
Al día siguiente de esa marcha, una trabajadora sexual en Lima se negó a pagar el cupo y la mataron. Se cree que fue el Tren de Aragua. Todo el mundo sabía que iba a pasar lo que pasó con las trabajadoras sexuales. Esta era una masacre anunciada. Ellas pidieron ayuda. Hicieron de todo. Y el Estado ha hecho muy, muy poco. Solo hay que ver el caso de Leida. Después de muchos ires y venires, de apelaciones de parte de sus agresores, y sobre todo, 15 años después de los hechos, los tres policías fueron finalmente condenados por tortura a nueve años de prisión efectiva. Fue la primera vez que la justicia dijo que una trabajadora sexual era atacada única y exclusivamente porque era una trabajadora sexual. Pero estas respuestas llegan muy tarde. El Estado y la sociedad han dejado solas a las trabajadoras sexuales frente al Tren de Aragua. Se tienen que proteger entre ellas mismas con la ayuda de organizaciones como las de Ángela y Leida.
[00:30:30] Leida: Porque muchas compañeras salen a trabajar y me dicen – yo no sé si volveré. Las compañeras inmigrantes han dejado audios y videos en nuestra organización. Y nos dicen si por A o B me matan, lo único que yo pido a la organización es que me devuelva íntegra a mi país para que me den cristiana sepultura. No me quiero quedar acá, ni que mi cuerpo se vuelva cenizas en tu país. Quiero que me devuelvan aunque sea para allá.
[00:30:59] María Fernanda Ramírez: En los últimos años, según los conteos de las organizaciones de trabajadoras sexuales. Más de 190 han sido asesinadas. Rubí. Priscila. Lis. Milenka. Rosmery. Milena. Gabriela. Jazmín.
Leida ha tenido que acostumbrarse a llevar esa cuenta. La de sus amigas muertas. Y a vivir con la idea de que en cualquier momento puede ser otra. O incluso ella.
[00:31:31] Leida: Nos dicen que nos van a matar y ya sabemos que nos van a matar. De hecho, nos van a matar. Pero ya que nos van a matar, lo que podemos hacer es salir y gritar todo lo que podamos mientras tengamos la suerte de estar vivas. Luchar por nuestras vidas y que nos maten gritando. Que nos maten luchando por algo que queremos. Sabemos lo que nos espera para mañana, Pero estamos ahí. Estamos ahí todas. Indistintamente que sea negras, blancas, de otros países, pero ahí estamos.
[00:32:05] María Fernanda Ramírez: Y ahí están Leida y Ángela, luchando hoy para que mañana no las maten.
[00:32:22] Steven Dudley: Este podcast es una producción de InSight Crime. Un agradecimiento especial a Leida y a Ángela por confiar en nosotros, por contarnos lo que nos contaron. Recuerden que también pueden escuchar o compartir su historia en inglés.
Antes de irnos, una probadita de lo que viene la próxima semana. Nos vamos al pacífico colombiano a conocer a una madre que lleva décadas buscando a sus hijos. Sí, en plural. Y todo en medio de una guerra que se le metió en la casa.
[00:33:01] Madre: A mí me tocó llevar a dos heridos al hospital. Esa noche, dos jóvenes de mi barrio. De mi calle. Amigos. Vecinos. Y fallecieron.
[00:33:13] Steven Dudley: No se lo pueden perder. Ahora, sobre el episodio que acaban de escuchar, lo reportearon y escribieron María Fernanda Ramírez y Lara Loaiza. La edición estuvo a cargo de Tomás Uprimny, Liza Schmidt, y yo, Steven Dudley. Elisa Roldán es nuestra productora y directora de arte. El diseño gráfico, de Isabella Soto. El diseño sonoro es de Valentina Fonseca. Y la cumbia que están oyendo es de Juan Felipe Pulido.Y gracias a todo nuestro equipo en InSight Crime: investigadores, diseñadores, redes sociales, editores y equipo administrativo.
Y si todavía siguen ahí, gracias a ustedes, de verdad. Sacar una historia como esta cuesta. Meses de reportería. Viajes. Horas sentados en las casas de la gente, escuchando.
Y para ser francos, hacerlo bien cuesta. El trabajo de InSight Crime es completamente independiente. No tenemos dueño. Nadie nos dice qué cubrir, ni qué dejar quieto. Así nos gusta. Y lo que nos mantiene andando son oyentes como ustedes.
Así que si pueden aportar, desde una donación única de quince dólares, hasta una donación anual, vayan a insightcrime.org/donaciones. Y si donar no es una opción ahora, pásenle este episodio a alguien. Eso ayuda más de lo que se imaginan.
Nos vemos la próxima semana. Desde Buenaventura. Chao, chao.
Contexto: La expansión del Tren de Aragua en América Latina
Al combinar una violencia despiadada con un innovador espíritu empresarial criminal, el Tren de Aragua es la organización criminal de origen venezolano más exitosa de su generación.
La banda nació en la prisión de Tocorón, donde su líder, Héctor Rusthenford Guerrero Flores, alias “Niño Guerrero”, contó con la complicidad de las autoridades venezolanas para convertir la cárcel en un próspero centro de negocios y operaciones criminales. Desde allí expandió su influencia por toda Venezuela y construyó una poderosa red mediante alianzas con bandas locales y el exterminio de sus rivales.
A finales de la década de 2010, la organización aprovechó el éxodo masivo de venezolanos para expandirse por Suramérica. Tras establecer redes de tráfico de migrantes, extorsión y trata de personas a lo largo de las rutas migratorias, el Tren de Aragua logró establecer células en Colombia, Perú, Chile y otros países. Una vez asentadas, estas facciones se integraron a economías criminales locales como la extorsión, el narcomenudeo y la explotación sexual.
A medida que crecía su notoriedad, la organización atrajo la atención de las autoridades estadounidenses. Y aunque las afirmaciones sobre su presencia en Estados Unidos fueron ampliamente exageradas, la administración de Donald Trump la declaró una organización terrorista y utilizó la amenaza que representaba para justificar su política de deportaciones masivas.
Sin embargo, desde que las autoridades venezolanas tomaron la prisión de Tocorón en 2023, el liderazgo del grupo se ha dispersado y su control sobre la red criminal en su conjunto se ha debilitado. En 2026, Niño Guerrero fue abatido en un ataque aéreo, lo que sembró incertidumbre sobre el futuro del Tren de Aragua como una organización criminal cohesionada.
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Créditos
Investigación, guion y narración
María Fernanda Ramírez y Lara Loaiza
Edición
Tomás Uprimny, Steven Dudley y Liza Schmidt
Producción ejecutiva
Steven Dudley y Elisa Roldán
Dirección creativa
Elisa Roldán
Diseño sonoro
Valentina Fonseca, Juan Felipe Pulido
Diseño gráfico
Isabella Soto
Marketing y redes sociales
Paula Rojas e Isabella Soto
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Puede hacerlo a través de las organizaciones que lideran: Rosa Mujeres de Lucha y Miluska Vida y Dignidad, desde las que acompañan, representan y defienden los derechos de las trabajadoras sexuales en Perú.




