El 21 de julio de 2014, la policía ecuatoriana estaba efectuando una búsqueda en una zona residencial en el norte de la ciudad costera de Guayaquil, cuando localizó a su objetivo: Carlos Manuel Macías Saverio, alias “King Diablo” quien era buscado por tenencia ilícita de un arma de fuego. 

Diablo —que tiene la piel suave y morena, orejas grandes, nariz larga y ojos hundidos— vio a los agentes y corrió hacia una vivienda de dos pisos, según informó posteriormente la policía. Los uniformados llamaron a un fiscal para poder acceder legalmente a la residencia y detener a su sospechoso.

En el momento de la operación, Diablo era un líder nacional de los Latin Kings en Guayaquil. La banda, cuyas raíces se remontaban setenta años atrás a los barrios latinos de Chicago, llevaba dos décadas en Ecuador. Aunque al principio se habían labrado una reputación por organizar conciertos de música y actos culturales, recientemente se habían hecho famosos por su violencia y criminalidad.

*Este artículo forma parte de una investigación que explora las dinámicas criminales en Durán, el epicentro del crimen organizado en Ecuador y una de las ciudades más violentas del mundo en 2023. Lea los otros capítulos de la investigación aquí y descargue el informe completo aquí.

Pero junto con otras bandas callejeras, los Latin Kings participaban en lo que se denominaba vagamente pacificación. La pacificación era un medio para que las llamadas “organizaciones juveniles de la calle” pudieran integrarse en la sociedad. Y, hasta cierto punto, estaba funcionando: los homicidios estaban disminuyendo; los miembros de las bandas estaban consiguiendo trabajos de tiempo completo, estaban asistiendo a escuelas técnicas y universidades y se estaban alejando de la faceta criminal del grupo.

Sin embargo, la pacificación era compleja y dinámica. Los Latin Kings, por ejemplo, tenían miles de miembros en todo Ecuador. Existían tensiones y rivalidades dentro de la organización, algunas de las cuales se basaban en la geografía, otras en la edad y la personalidad, y otras en diferencias estratégicas sobre cómo sobrevivir a medida que Ecuador iniciaba su transformación en una superautopista de cocaína hacia Europa dirigida por las violentas bandas carcelarias. 

Algunos de los líderes del grupo, incluido su máximo dirigente en Quito, apoyaron abiertamente la pacificación. Otro Latin King aprovecharía más tarde el proceso para entrar en la política y acabaría convirtiéndose en asambleísta, cosa que molestó a otros pandilleros, que se retorcían al verlo utilizado como peón político del presidente.

Diablo, sin embargo, fue cuidadoso con la pacificación. Había sido líder de los Latin King desde sus primeros días en Ecuador. Y aunque participaba en las reuniones de la organización, a menudo hablando del lado positivo de la pacificación, también mantenía sus negocios criminales. 

En cierto modo, Diablo encapsulaba el principal dilema de los Latin Kings: ¿cómo aceptar la pacificación en un lugar donde la mayoría de la gente piensa que deberías estar en la cárcel y otros grupos criminales quieren destruirte?

Para Diablo, eso significaba trabajar todos los ángulos, incluyendo obtener armas ilegales y vender drogas. Por eso la policía lo esperaba aquel día de julio frente a su residencia en el norte de Guayaquil.

Actas judiciales ecuatorianas que hacen referencia al arresto de Diablo en enero de 2014 por tráfico de armas. Crédito: Fiscalía General de Ecuador.

Cuando llegó el fiscal, la policía entró. En el interior de un coche de bebé dijeron que habían encontrado US$1.065 en efectivo. Encima de la nevera encontraron una bolsa de plástico con una sustancia oscura, que presumieron eran drogas ilegales. También encontraron una báscula, un documento de identidad falso y siete teléfonos móviles, entre ellos cuatro Blackberry.

Arriba, en el piso principal, las autoridades encontraron otros US$6.085 en efectivo, siete SIM de teléfonos móviles, un reloj con brazalete de cuero negro y dos cadenas amarillas, una de las cuales tenía una imagen de Jesucristo. Y en una habitación contigua, encontraron documentos judiciales relacionados con un caso de 2008 contra Diablo, así como un cargador para un arma y 18 cartuchos de 9 milímetros.

La policía leyó sus derechos a Diablo y lo arrestó.

El comienzo de la pacificación

La pacificación en Ecuador tiene sus raíces en procesos similares que ocurrieron en Nueva York a finales de la década de 1990, y en Génova y Barcelona a principios de la década de los 2000. El proceso de Nueva York estuvo dirigido por un carismático exconvicto. Antonio Fernández, conocido como “King Tone”, era un estafador callejero, traficante de drogas y drogadicto confeso antes de convertirse en un Latin King en prisión a principios de los años noventa. Una vez en libertad, se unió a la “tribu”de Nueva York, donde fue ascendiendo. Y en 1996, tras una sangrienta lucha interna, Tone obtuvo el control de los Latin Kings del estado de Nueva York. 

Uno de los primeros discípulos de Tone en Nueva York fue Diablo, cuando ambos iniciaron una relación que se prolongaría durante décadas. Un Latin King en Guayaquil dijo a InSight Crime que Tone era el “padrino” de Diablo, nombre que se da a la persona que administra el bautismo de un nuevo miembro en una ceremonia colectiva. En ocasiones, Diablo trabajó como guardaespaldas de Tone en Nueva York. 

Diablo también tuvo problemas. En enero de 2001, fue arrestado en Queens, se declaró culpable de hurto mayor y atraco, y se le otorgó una “libertad condicional”. En julio de 2003, fue arrestado en Brooklyn, se declaró culpable de posesión criminal de un arma cargada y fue condenado a seis meses de prisión. Los registros del estado de Nueva York obtenidos por InSight Crime no dicen dónde cumplió condena, pero un alto mando de los Latin Kings le dijo a InSight Crime que estuvo en Rikers Island, la infame cárcel de Nueva York, antes de ser deportado. La experiencia lo desilusionó, le dijo el alto mando de los Latin Kings a InSight Crime, en parte porque su caso se basó en información proporcionada a las autoridades por otro miembro de los Latin Kings.

Diablo formó parte de las primeras oleadas de Latin Kings que iban y venían entre Estados Unidos y Ecuador, donde establecieron pequeñas células del grupo en ciudades como Guayaquil y Quito sin autorización. Fue una época tumultuosa para los Latin Kings ecuatorianos. Dos facciones —una de origen neoyorquino y otra de Chicago— luchaban por el control. Cada una reclamaba la supremacía, pero ninguna tenía permiso para “plantar bandera”, según un detallado estudio académico sobre el grupo, hasta que “King Diablo”, como se refería a él uno de sus miembros, trajo consigo una carta de Nueva York que autorizaba la formación de la Sagrada Tribu de Atahualpa de Ecuador (STAE). El evento también fue registrado en la Biblia de los Latin Kings de Ecuador, el documento fundacional de la organización.

Una página del Manifiesto -o Biblia- de los Latin Kings ecuatorianos que habla del papel de Diablo en su fundación. Crédito: anónimo por razones de seguridad.

La facción neoyorquina había ganado y su influencia se había extendido, en parte gracias al trabajo de Tone en Nueva York. Allí, antes de la deportación de Diablo, Tone había liderado una espectacular transformación de los Latin Kings, conectando el grupo con organizaciones de la sociedad civil y religiosas para establecer programas de formación laboral, educación y servicios sociales. El proceso, sin embargo, falló cuando Tone se enfrentó a cargos federales por tráfico de drogas y fue declarado culpable y condenado a 13 años de prisión. Esto también hastió a Diablo, según declaró el mismo Latin King de alto rango a InSight Crime, en gran parte porque Diablo, y muchos otros, pensaban que Tone había sido perseguido injustamente por el gobierno.

Sin embargo, el experimento de Tone resonaría en Barcelona, Génova y, finalmente, en Ecuador, donde un ensayo similar alteraría drásticamente el panorama para los Latin Kings y Diablo. Al frente del proceso ecuatoriano estaban Mauro Cerbino y Ana Rodríguez, dos académicos de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso). Ambos se reunían periódicamente con otros académicos de ideas afines, entre ellos David Brotherton y Luis Barrios, que habían realizado la crónica del proceso de Nueva York en tiempo real y más tarde se asociaron para escribir un libro sobre este.

Para los académicos, la pacificación comenzó como un proceso de “reconocimiento,” que a menudo conducía a la “legalización” y, eventualmente, a la “integración.” Para ellos, el camino estaba claro: era mucho más productivo intentar integrar a las bandas que encarcelarlas o intentar destruirlas. De hecho, muchos de estos académicos no solo escribieron sobre estos procesos, sino que desempeñaron un papel decisivo en ellos. Barrios, que también es sacerdote episcopal, prestó su iglesia de Manhattan a los Latin Kings para sus reuniones mensuales a finales de los noventa, que incluían ceremonias de iniciación que administraba Tone. Diablo, por ejemplo, fue bautizado en los Latin Kings por Tone en la iglesia de Barrios.  

Cerbino y Rodríguez también desempeñaron un papel activo en la pacificación. En su caso, compartieron las experiencias de Barcelona, Génova y Nueva York con el gobierno local de Quito, donde los académicos encontraron aliados en la alcaldía y el concejo municipal. El equipo de Flacso pronto se convirtió en mediador de facto entre varios posibles participantes entre las bandas y sus homólogos gubernamentales, mientras intentaban impulsar este nuevo enfoque en el ámbito político.

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Los esfuerzos en Quito coincidieron con otros en Guayaquil, donde organizaciones locales de la sociedad civil, la alcaldía y la policía facilitaban partidos de fútbol y promovían conversaciones de paz entre los Latin Kings y sus principales rivales, los Ñetas. El problema era urgente: los Latin Kings eran responsables de hasta una cuarta parte de todos los asesinatos de Guayaquil, el epicentro de homicidios del país, según una estimación.  Pero en 2006, los Latin Kings y los Ñetas firmaron un pacto de no agresión gracias a una organización juvenil respaldada por la Iglesia.

Los incipientes procesos de Quito y Guayaquil acabaron siendo acogidos por el recién elegido presidente, Rafael Correa. Correa —que había llegado al poder en 2007 en medio de una oleada de presidentes progresistas de izquierda en la región— buscaba aliados afines. Y, sobre el papel, los Latin Kings coincidían con su visión del mundo. Los manifiestos internos de la organización están llenos de mensajes anticoloniales, antirracistas y a favor de la independencia de Puerto Rico.

“Ha llegado la hora de la revolución”, dice una Biblia de los Latin Kings. “Sí, revolución —¡una revolución de la mente! ¡La revolución del conocimiento! Una revolución que traerá la libertad a los esclavizados, a todos los pueblos del tercer mundo, mientras juntos cantamos y alabamos con alegría qué tiempo es— ¡es el tiempo de la Nación!”

Correa se inclinó por esta idea, y su partido, Alianza PAIS, pronto intentaría cooptar a los Latin Kings a gran escala. Pero Correa, economista con un doctorado de la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign, también apreciaba los matices académicos y sabía cómo replantear la cuestión. Su gobierno, por ejemplo, evitó la palabra “bandas”y se refirió a los Latin Kings como “la nación” tal y como ellos se llaman a sí mismos. 

El propio Correa también restó importancia a la amenazante reputación de los Latin Kings. 

“Los Latin Kings me recuerdan mucho a los Boy Scouts”, dijo el presidente tras una reunión con líderes de bandas en agosto de 2007. “Con sus principios, sus leyes, con su hermandad. Tienen esos mismos principios de honorabilidad”.

El entonces presidente Correa asistió a una conferencia de Latin Kings (izquierda) en la que los Kings compartieron sus experiencias en materia de pacificación (derecha). Ecuador, abril de 2008. Crédito: Corporación de Reyes Latinos y Reinas Latinas de Ecuador

La reunión incluyó un almuerzo de celebración: el Gobierno concedía a los Latin Kings la condición de organización sin ánimo de lucro. A partir de entonces, estarían registrados como organización no gubernamental, la Corporación de Reyes Latinos y Reinas Latinas del Ecuador. 

El proceso de pacificación había comenzado.

Unos Latin Kings divididos

En septiembre de 2008, sobre las 8:30 de la noche, la policía ecuatoriana vio a un hombre con una pistola atada a la cintura fuera de un club nocturno. La policía aprovechó el pretexto para hacer una redada en el club, donde encontró a Diablo con una Glock sin licencia y lo detuvo. Fue fichado y acusado de tenencia ilícita de armas de fuego.

Para entonces, la policía había identificado a Diablo como el “máximo líder” de los Latin Kings, y acabaría pasando un año en prisión, pero nadie pareció darse cuenta. Apenas habían pasado unos meses desde el infame comentario de Correa sobre los Boy Scouts, y no hubo cobertura mediática del incidente ni comentarios de expertos sobre la aparente hipocresía.

Documentos judiciales sobre el arresto de Diablo en 2008 muestran que las autoridades lo consideraban el «líder máximo» de los Latin Kings en ese momento. Septiembre de 2008. Crédito: Consejo Nacional de la Judicatura

Estos primeros años fueron posiblemente el punto álgido de la pacificación. No se trataba solo de que los medios de comunicación ignoraran transgresiones aparentemente contradictorias de líderes de bandas como Diablo. Los Latin Kings también estaban interactuando con agentes del gobierno local y nacional y colaborando con universidades y organizaciones de la sociedad civil. Uno de los primeros eventos fue un concierto de reguetón en Quito en noviembre de 2007, el primero de cinco conciertos anuales que organizaron. Brotherton, que visitó Ecuador por primera vez en 2007, afirmó que en aquel momento los miembros de la banda estaban “rebosantes de entusiasmo y esperanza”.

“Tenían una fe en lo que hacían y una confianza en el trato con la sociedad oficial y con los políticos locales que nunca había visto antes”, afirmó.

Parte de este éxito inicial se debió al momento elegido. Con el control de casi todos los aspectos del gobierno, el movimiento político de Correa estaba en su apogeo. Los precios del petróleo, pilar de la economía ecuatoriana, también estaban en auge. Pero parte de este éxito inicial también estuvo relacionado con la estructura de los Latin Kings, que refleja la de la mayoría de las organizaciones sin ánimo de lucro. Los Latin Kings, por ejemplo, tienen una jerarquía clara, así como normas y reglamentos, que documentan y siguen asiduamente, como quedó claro cuando Diablo llegó con su carta de autorización para establecer la organización en Ecuador. La estructura y la documentación facilitaron la redacción de los estatutos de la Corporación, así como la creación de canales de comunicación fluidos.

Rápidamente, sin embargo, surgieron distintas facciones dentro de los Latin Kings. Aunque organizaban actos culturales, la dinámica en Quito, por ejemplo, era también práctica y empresarial, centrada en la educación, la formación para el empleo y el apoyo a las pequeñas empresas. Su líder era el representante nacional de los Latin Kings, Manuel Zúñiga, alias “King Majestic”. Majestic llevaba gafas, tenía una suave barba al estilo Fu Manchú y un cuerpo ancho que a veces llenaba las llamativas camisetas de béisbol negras y amarillas de los Latin Kings. 

“Lo primero novedoso para mí fue la palabra ‘hermano”, dijo a la BBC sobre su atracción por los Latin Kings en una entrevista años después de que comenzara el proceso de pacificación. “Se trataban como hermanos, una familia, entonces, eso me gustó”.

Majestic había pasado un tiempo en la cárcel, y declaró a la BBC que dentro de prisión estuvo a punto de ser asesinado. Al salir, dijo, decidió que necesitaba “salir con una mente más amplia, buscar un cambio”. Para Majestic, eso conduciría a una empresa de catering que abrió con la ayuda de la universidad católica local.

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Esta rama de los Latin Kings era conocida como la “Corporación” por el nombre que tomó el grupo cuando se constituyó como organización sin ánimo de lucro antes de la reunión de agosto de 2007 con Correa. Y durante los primeros años, la Corporación fue, en general, el corazón y el alma del programa de pacificación, trabajando estrechamente con Flacso y el gobierno de Quito. Pero los recursos eran escasos y la Corporación, a pesar de su nombre, nunca llegó a despegar financieramente. 

La dinámica en Guayaquil era más opaca, contenciosa y clientelar. A algunos dirigentes de Guayaquil, por ejemplo, les molestaba que la Corporación pudiera estar dando al gobierno y a los académicos demasiada información sobre sus operaciones internas y su liderazgo. Este tipo de disputas habían provocado violencia en otros lugares, como Nueva York y Barcelona. 

Otros pensaban que la Corporación acaparaba recursos del Gobierno. Finalmente, según miembros de los Latin Kings y personas que participaron en el proceso, una facción con sede en Guayaquil decidió crear su propia organización, y en 2009, la Asociación de Reyes Latinos y Reinas Latinas de Ecuador obtuvo personalidad jurídica.

A pesar de la disputa, las agencias gubernamentales, municipales y federales interactuaban con los Latin Kings como si fueran un solo grupo. Sin embargo, las dos partes se enfrascaron en una disputa, según dos miembros de alto rango de los Latin Kings. Nadie de los Latin Kings dio ejemplos concretos de violencia, pero un líder de los Latin Kings en Quito dijo a InSight Crime que se sentía “amenazado” con frecuencia, especialmente cuando estaba en Guayaquil. 

Mientras tanto, otros numerosos líderes de los Latin Kings, entre ellos Diablo, mantuvieron sus actividades criminales. Incluso después del inicio del proceso de pacificación, Diablo estuvo, según documentos judiciales, “implicado en varios delitos como asesinatos, robos y tráfico de droga, en varios sectores de la ciudad de Guayaquil”.

Documentos judiciales publicados tras el inicio del proceso de pacificación señalan que Diablo sigue involucrado en actividades delictivas. Junio ​​2011. Crédito: Consejo Nacional de la Judicatura

Numerosas personas que trabajaron en la pacificación o la estudiaron de cerca mencionaron a Diablo. Era una presencia ominosa, especialmente en Guayaquil, donde tenía un poder significativo. Y aunque se sabía que estaba implicado en actividades criminales, también era un tema que nadie abordaba, al menos públicamente. Para los Latin Kings, cada miembro puede hacer lo que quiera en su tiempo libre, dijeron miembros a InSight Crime, siempre y cuando no lo hagan en nombre de la organización. 

“Puedes ser ingeniero”, dijo el líder Latin King en Guayaquil, empleando un ejemplo más benigno que el que representaba Diablo. “Pero no puedes ser ingeniero de los Latin Kings”.

Diablo, el Pacificador

La relación de Diablo con la pacificación era compleja. Comprendía el poder político del proceso. Tras ser detenido en 2008, por ejemplo, pidió a un juez “disculpas”, dicen los documentos judiciales, y luego expresó su “deseo de reintegrarse a la sociedad y hacer algo bueno por la comunidad”.

Diablo también asistió a algunos de los eventos y reuniones, dijo a InSight Crime una persona que participó en el proceso de pacificación. En la disertación de Cerbino, por ejemplo, este escribió en notas de campo que Diablo y otros dos líderes hablaron a unos 400 Latin Kings durante una reunión nacional, invocando la “esperanza de que tendrán éxito”.

Y nunca dio la espalda a los Latin Kings ni a sus líderes, independientemente de lo que sintiera personalmente por ellos o de lo cínicamente que viera el proceso. Esto incluía un profundo respeto y admiración por Majestic, cuyo entusiasmo por la pacificación le recordaba a su padrino neoyorquino, Tone. Diablo también había sido cercano al hermano de Majestic, que había sido asesinado.   

“Tuvo que actuar con una especie de ética. Esa idea del honor que es tan poderosa”, dijo la persona que participó en el proceso. “Gran parte del reconocimiento interno [en los Latin Kings] hacia él proviene de la idea del respeto, el compromiso, la admiración, el respeto por los valores de la corona”.

Pero Diablo también era escéptico, en parte por lo que le había ocurrido a Tone, y en parte porque tenía que enfrentarse a un entorno más conflictivo. Estableció su centro de operaciones en Durán, un municipio de más de 300.000 habitantes situado al otro lado del río Guayas, frente a Guayaquil. La zona es conocida por su estación de tren, ahora inactiva, que antaño facilitaba el flujo de mercancías a través de la región hacia los diversos puertos que conectan Ecuador con la economía mundial. 

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Pero a diferencia de Chicago, cuya condición de centro de producción y transporte acabó convirtiéndola en una ciudad floreciente, Durán nunca superó su papel de proveedor de servicios y zona industrial con mano de obra barata y almacén. Este contexto, combinado con el subdesarrollo, la convirtió en una incubadora perfecta para las bandas. Cerbino y Rodríguez, de Flacso, llamarían a este tipo de espacio un “orden simbólico paralelo”, en referencia a la gobernanza criminal establecida por organizaciones como los Latin Kings cuando el Estado no está presente.

Los Latin Kings y los Ñetas proliferaron en Durán, y luego se enfrentaron, a veces entre sí mismos, y a veces entre ellos. En un incidente particularmente macabro en 2011, por ejemplo, miembros de los Latin Kings, entre ellos Diablo, persiguieron, dispararon en la pierna y luego golpearon hasta la muerte a un hombre de 22 años que supuestamente trató de abandonar la organización, presuntamente sin permiso. Tres Latin Kings fueron declarados culpables del asesinato y condenados cada uno a 25 años de prisión, pero Diablo se libró de ser procesado.

Documentos judiciales detallan cómo tres Latin Kings persiguieron y golpearon a otro miembro supuestamente por intentar desmantelar la organización. Febrero de 2014. Crédito: Corte Nacional de Justicia

Aun así, con el liderazgo de Majestic y otros, la violencia empezó a descender en todo el país tras el inicio de la pacificación. La dinámica es compleja y no se reduce fácilmente a fórmulas directas, pero parte del éxito de la pacificación fue convencer a líderes como Diablo de frenar los combates en sus áreas de influencia, entre ellas Durán, donde los homicidios comenzaban lo que sería una caída cuádruple. 

Por supuesto, el Gobierno tuvo que ser estratégico a la hora de vender estas treguas a los propios grupos. Según Luis Varese, que trabajó con el Ministerio del Interior a mediados de la década de 2010, el Gobierno organizaba reuniones entre los Latin Kings y otras bandas, en las que se repartían sus territorios.  

“Esa división de los espacios era parte de los acuerdos”, dijo a InSight Crime.  

Durante un tiempo, los acuerdos funcionaron, y líderes como Diablo mantuvieron los esfuerzos por sostener la paz entre las bandas callejeras, según contaron a InSight Crime participantes en el proceso y miembros de los Latin Kings. 

“Nada se hace sino con el buen aval de sus líderes”, dijo el Latin King de Quito a InSight Crime cuando se le preguntó por el descenso de los homicidios.

Crecen las contradicciones

El proceso de pacificación avanzó lentamente, con un presupuesto mísero y poca visibilidad. Flacso se alejó hacia 2009. Algunos de los que trabajaron con el programa desde Flacso dijeron que estaban desmoralizados por la falta de compromiso del gobierno que, además, cambiaba de dirección con frecuencia.

La Corporación de Reyes Latinos y Reinas Latinas de Ecuador solicitó al gobierno US$10.000 en una carta de 2015. Agosto de 2015. Crédito: anónimo por razones de seguridad.

Los Latin Kings siguieron solicitando al gobierno pequeñas donaciones, pero también crecieron los problemas dentro de la organización. Las dos alas públicas del grupo —la Corporación y la Asociación— continuaron su lucha, a veces de forma violenta. Y en Guayaquil, Diablo mantuvo sus actividades criminales. 

Mientras tanto, en Guayaquil, un joven fornido, de pelo corto, ambicioso, con aspecto de estrella de cine y lengua afilada llamado Ronny Aleaga, ganaba poder. Aleaga era un comodín. Afirmaba ser un Latin King, pero era un gran desconocido para los miembros de la Corporación. Ni siquiera está claro si tenía vínculos con la Asociación en Guayaquil. Pero finalmente aprovechó sus contactos políticos en su ciudad natal para empezar a trabajar con Alianza PAIS, el partido político de Correa, y congraciarse con el presidente. 

Para ese entonces, Alianza PAIS estaba abiertamente convenciendo a los Latin Kings para que se unieran al partido. Alexandra Zumárraga —quien trabajó en la pacificación antes de convertirse en directora de Rehabilitación Social del Ministerio de Justicia de 2010 a 2011— dijo que el partido inscribía miembros en sus eventos.

“Entonces no había ninguna reunión donde no apareciera la mesa del partido político [de Correa]”, dijo a InSight Crime. “Y entonces ahí te das cuenta cómo los están utilizando”  

Zumárraga y la persona que trabajó en el proceso dijeron que el partido también utilizó a los Latin Kings como “fuerzas de choque” durante marchas y actos públicos, y los medios de comunicación informaron de que se les contrataba con este fin expreso. Era una forma de enviar un mensaje, dijeron, de que el partido no se dejaba avasallar. Luis Varese, que trabajó con el Ministerio del Interior de 2014 a 2016, dijo que los Latin Kings se unieron al partido y se enfrentaron a partidos de la oposición, pero negó que hubieran sido contratados. 

“Eso es mentira”, dijo a InSight Crime. 

En cualquier caso, Correa parecía deleitarse con esta imagen, luciendo accesorios de los Latin Kings en fotografías con el fornido Aleaga —que presume ser “boxeador”en su perfil X— a su lado.

Correa, con los colores de los Latin Kings, sonríe y hace una señal de pandilla mientras posa para una foto con los miembros del grupo, incluido Ronny Aleaga. Crédito 2017: Ecuador Play en X.

Zumárraga dijo que pronto se dio cuenta de que los líderes de los Latin Kings también podían estar utilizando al gobierno, que entregaba regularmente cheques para conciertos, guarderías y campos de fútbol. Pero estos desembolsos financieros para el programa de pacificación se sometían a poco o ningún escrutinio. 

“Ese dinero nunca fue fiscalizado”, afirmó. “Era solo como para mantenerles contentos a los líderes”.

Los Latin Kings consultados para esta historia refutaron enérgicamente estas afirmaciones, al igual que muchos de los que la estudiaron de cerca y algunos de los que trabajaron en ella. Varese, quien trabajó en la pacificación varios años después de Zumárraga, dijo que las subvenciones para la pacificación que vio eran sumas insignificantes —de cientos o pocos miles de dólares— para programas pequeños. Y algunos de los beneficiarios dijeron a InSight Crime que habían utilizado el dinero para poner en marcha pequeñas empresas que siguen funcionando hoy en día, a menudo empleando a decenas de exmiembros de bandas.

Otros esfuerzos también mostraron resultados. En Durán, la alcaldesa Alexandra Arce (2014-2019), miembro de Alianza PAIS, empleó a docenas de Latin Kings en su administración. Hicieron de todo, desde limpieza de calles hasta trabajo administrativo, dijo a InSight Crime. Otros municipios hicieron lo mismo. 

Los homicidios también se redujeron significativamente, al pasar de 18 por cada 100.000 habitantes en 2010, a 9 por cada 100.000 en 2014, según datos del Ministerio del Interior. Ese mismo año, en Durán solo hubo 20 homicidios, el año más tranquilo en al menos una década. 

Aun así, las críticas persistieron, siendo la política polarizadora de Correa en parte responsable de avivar la hostilidad. Quizá la crítica más condenatoria y demostrable a la pacificación fue que los líderes de las bandas utilizaron el proceso para posicionarse y ascender en la escala criminal. Uno de ellos fue Leandro Norero, un miembro de rango medio de los Ñetas que se convirtió en un poderoso narcotraficante y lavador de dinero tras participar en el proceso de pacificación. Posteriormente, Norero habría aprovechado sus contactos en el gobierno, entre ellos Aleaga, para promover sus intereses comerciales y manipular el sistema judicial.

Estas contradicciones criminales también eran evidentes en los Latin Kings, especialmente después de que Diablo fuera capturado, acusado y encarcelado en 2014, tras la operación policial en su domicilio del norte de Guayaquil. Pero cuando Diablo llegó a prisión, rápidamente se dio cuenta de que él, y los Latin Kings, tenían problemas más grandes que pronto pondrían en riesgo a toda la organización.

Diablo, el negociador

Diablo fue encarcelado en la Penitenciaría del Litoral, la prisión más poblada y peligrosa de Ecuador. Esta albergaba a algunos de los grupos criminales más poderosos del país, entre ellos los Choneros, que en ese entonces eran una prometedora banda carcelaria. No se trataba de Boy Scouts trabajando en la pacificación. Eran criminales que buscaban posicionarse en el competitivo mercado de la cocaína que empezaba a crecer en Ecuador. 

En cierto modo, estar en prisión jugaba a favor de Diablo: podía forjar relaciones con otros criminales y organizaciones, y podía fomentar la lealtad entre la parte más criminal de los Latin Kings, aprovechando las oportunidades dentro de la cárcel. En la Penitenciaría del Litoral, por ejemplo, los líderes de los Latin Kings controlaban 3 de los 12 pabellones de la prisión, según dos miembros de los Latin Kings e informes de los medios de comunicación de la época. En la práctica, eso significaba que esos líderes podían recaudar enormes ingresos —cientos de miles o incluso millones al año— procedentes de la extorsión, el contrabando y la venta de drogas en esos pabellones. Una persona que estuvo en esa prisión en 2016, que no era un Latin King, dijo a InSight Crime que pagaba extorsiones regularmente a los Latin Kings que dirigían su ala.

“Y si no pagas, bueno, te dan palos”, dijo, y añadió que también le retenían la comida como medio de presión. 

Pero Diablo también se enfrentaba a un dilema. Entró en prisión justo cuando los Choneros intentaban cooptar a bandas más pequeñas e incorporarlas a una alianza nacional. Muchas bandas se estaban alineando, pero los Latin Kings se resistieron. No es fácil descifrar cómo lo hicieron. El Latin King en Quito dijo a InSight Crime que Diablo fue capaz de forjar “acuerdos básicos de supervivencia”, sin entrar en detalles. 

Pero el Latin King de alto rango dijo que Diablo utilizó la pacificación como fachada, una forma de demostrar que los Latin Kings no eran una amenaza. En concreto, dijo que Diablo empezó a “garantizar a los carteles que estábamos implicados políticamente y no buscábamos credibilidad callejera y credibilidad en la venta de droga… así que no nos metíamos en sus negocios”.

“No vamos a tomar la cárcel para traficar con drogas”, dijo el Latin King, parafraseando lo que Diablo dijo a grupos criminales más grandes en la cárcel. 

Tone, el líder neoyorquino, también visitó a Diablo en prisión. Una foto de esta ocasión muestra a los dos cogidos del brazo en la parte trasera de un semicírculo de otros Latin Kings. Para entonces, Tone había sido liberado de prisión en Estados Unidos y estaba a punto de fundar una organización no gubernamental para ayudar a jóvenes en riesgo. En Ecuador, Tone y Diablo se reunieron con los líderes de las bandas de la prisión para asegurarles que no estaban invadiendo su territorio, según declaró el mismo líder de los Latin Kings a InSight Crime. Además, aseguraron a las bandas de la prisión que cualquier Latin King que traficara con drogas lo hacía en su propio nombre, y no en nombre de la Nación.

Diablo y King Tone posan juntos, rodeados de otros Latin Kings. Crédito: anónimo por razones de seguridad

Pero los Latin Kings también tenían que mostrar fuerza. Parte de ello era cobrar extorsiones y llevar contrabando y drogas a los pabellones. Pero otra parte era el reclutamiento, que se disparó en las cárceles, según un Latin King y la persona que trabajaba en la pacificación. Y en un momento dado, según otros dos Latin Kings que hablaron con InSight Crime, cuando varios aliados de los Choneros amenazaron a los Latin Kings, Diablo les dio a elegir: paz o guerra total.

“Somos caballeros de paz”, dijo el Latin King de Guayaquil a InSight Crime. “Pero somos demonios de guerra”.  

Las bandas carcelarias retrocedieron, pero los Latin Kings no podrían evitar el conflicto durante mucho tiempo. Esto era más evidente en Durán, donde las tensiones iban en aumento. El conflicto era en parte interno y en parte externo. A los Latin Kings de Durán les preocupaba que los enfrentamientos en las cárceles se extendieran a las calles. Tenían motivos para estar preocupados: algunos miembros de sus antiguos rivales, los Ñetas, se estaban preparando para unirse a los Choneros.

Para hacer frente a este conflicto potencial, los líderes en Durán buscaron un enfoque más agresivo, pero el liderazgo nacional se resistió, dijeron a InSight Crime varios miembros de los Latin Kings. Después de todo, aún estaban en modo de pacificación y la utilizaban para demostrar a los Choneros que no estaban invadiendo su territorio. Pronto, la cúpula de los Latin Kings en Durán se volvió rebelde, y el único líder que podía mantener a raya la violencia potencial, según estos miembros, era Diablo. 

Desesperados, los Latin Kings montaron una campaña de presión para conseguir su liberación anticipada. Majestic dirigió el esfuerzo, según el Latin King de alto rango y el de Guayaquil, hablando con contactos en el gobierno de Correa. En un momento dado, confeccionaron camisetas que decían “Free Diablo”, como si fuera Nelson Mandela.

Otros también ejercieron presión, entre ellos Tone, el líder de los Latin Kings en Nueva York y padrino de Diablo. Durante una visita en 2014, Tone asistió a una reunión nacional de los Latin Kings, en la que dijo a un cámara que filmaba el evento: “Que Dios me lo cuide al Diablito, que me lo traiga pronto para estar con nosotros, me hace falta Diablito, que lo quiero”.

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Imágenes de una reunión de los Latin Kings en 2014, donde King Tone y otros presionaron para la liberación de Diablo. 2014. Crédito: A.L.K.Q.N CORP STAE 92’.

Luego se dirigió directamente a Diablo: “Eres parte de este proceso y nunca te olvidamos”.

Según los expedientes judiciales, no está claro si las autoridades liberaron a Diablo antes de tiempo debido a esta campaña. Pero hay un aspecto del caso que sigue sin explicación. Cuando las autoridades analizaron la sustancia oscura que habían encontrado en la bolsa de plástico de la casa en 2014, dio positivo para “COCAÍNA, con un peso de 199 gramos”.

Por este cargo, Diablo obtuvo una condena de un año, cuando el código legal dictabauna pena de cinco a siete años. Y en enero de 2016, tras 550 días en prisión, fue puesto en libertad. El gobierno también le devolvió US$7.150 y las joyas que le había confiscado aquella noche. No mucho después, Diablo estaba de vuelta, merodeando por Durán. Pero las cosas ya empezaban a descontrolarse.

El fin de la pacificación

En 2017, los homicidios en Ecuador habían descendido a 6 por cada 100.000 habitantes,  según datos del Ministerio del Interior, lo que para algunos destacados académicos constituía un rotundo éxito de la pacificación, un contraejemplo de las políticas de mano dura que dominan las estrategias de seguridad en la región. La reducción desde 2010, dijeron, era un subproducto de los programas económicos y sociales, como la organización de conciertos de música y eventos deportivos, y la interacción con la policía y los políticos sin miedo a la persecución, todo lo cual estaba ayudando a borrar las líneas del orden paralelo simbólico.

“Esencialmente, la legalización abrió un espacio político para que bandas enteras transformaran sus organizaciones y a sí mismas”, escribieron Brotherton y otro académico, Rafael Gude, en una evaluación del esfuerzo publicada en la revista Critical Criminology. “Además, proporcionó a las bandas y a sus miembros una nueva agencia política con la que el grupo podía reinventarse”.

Pero estos éxitos no pudieron encubrir las contradicciones de los Latin Kings ni detener la arremetida de violencia de las bandas carcelarias que se avecinaba. Después de que Diablo fuera liberado en 2016, regresó a Durán y retomó sus actividades, vendiendo drogas en la zona, entre otras empresas criminales. Y aunque el líder nacional de los Latin Kings, Majestic, seguía intentando mantener la paz, poco podía hacer para detener a Diablo en lo que Brotherton llamaba eufemísticamente la “economía informal”.

“Majestic… tuvo que llegar a una especie de compromiso con él”, dijo Brotherton a InSight Crime sobre la complicada relación entre los dos líderes. “No quería entrar en guerra con él, y Diablo era muy poderoso”.

Diablo también era rico. Majestic, por su parte, pasaba apuros económicos. El contraste era marcado, sobre todo, en el ambiente hipermasculino de los Latin Kings.

“Por lo general, tratamos con el macho alfa que podría conectarnos a un lugar donde podríamos hacernos sentir que somos productivos, y Diablito sabe que ese líder necesita ingresos, y sabía que la debilidad de Majestic era su situación financiera”, dijo el Latin King de alto rango a InSight Crime. “Nadie respeta a un.… hombre quebrado. Imagínate a un líder quebrado”.

La continua dualidad de los Latin Kings provocó confusión y miedo en lugares como Durán, especialmente cuando los Latin Kings celebraban grandes reuniones en parques públicos. Para los residentes, parecía una gigantesca reunión de bandas. Pero los Latin Kings, a través de la Corporación y Asociación, mantenían personería jurídica; algunos de ellos trabajaban con el Municipio y Aleaga era, en 2017, asambleísta alterno.

En 2018, cuando la persona que lo había elegido como suplente tuvo que dimitir, Aleaga se convirtió en el primer asambleísta Latin King. Sus actividades políticas pusieron nerviosos a muchos otros miembros de los Latin Kings. Además de hacer señales de pandilleros con Correa en las redes sociales, algunos dijeron que Aleaga rompió la regla sagrada de mantener separados sus asuntos personales y los de los Latin Kings. En medio de una de sus intervenciones en el pleno legislativo, por ejemplo, hizo una pausa en su discurso para ponerse un collar de cuentas negras y amarillas y declarar su lealtad a la organización. La situación empeoró cuando se vio envuelto en una investigación criminal.

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Ronny Aleaga declara su lealtad a los Latin Kings durante una intervención en el pleno legislativo. 2018. Crédito: La Fuente.

La situación política de Ecuador también estaba convulsionada. El sucesor elegido a dedo por Correa, Lenín Moreno, asumió el cargo en 2017. Pero ambos se enfrentaron y, tras unos meses, Moreno empezó a trazar su propio camino. Entre las decisiones de Moreno estuvo la de distanciar inmediatamente a su gobierno de la pacificación. Pronto, la gente comenzó a culpar el proceso injustamente por el aumento de la violencia en las cárceles.

Sin el apoyo del gobierno, Majestic y los miembros de la Corporación comprendieron que sus esperanzas de sacar a los Latin Kings a la luz habían terminado. Ya no tenían cartas políticas ni financieras que jugar para mantener a los Latin Kings comprometidos con el proceso y el grupo se fragmentó aún más.

Moreno también disolvió el Ministerio de Justicia, lo cual provocó recortes en el presupuesto de las prisiones. Reestructuró su administración y formación, y se enfrentó abiertamente a la cúpula policial. Lo que ya era una mala situación en el sistema penitenciario empeoró aún más, ya que las bandas en las prisiones empezaron a luchar entre ellas. A partir de 2019, comenzaron las masacres en las cárceles y el presidente declaró el estado de excepción.

Pero ya era demasiado tarde. La lucha dentro de las prisiones se estaba extendiendo a las calles, donde, en lugares como Durán, no había ningún programa de pacificación que pudiera mantenerla a raya. Una facción de los Ñetas de Durán se había convertido en un escuadrón de sicarios de los Choneros. Se hacían llamar los Chone Killers, y en 2020 lanzaron una serie de ataques contra los Latin Kings. Fue el comienzo de una lucha que ayudaría a convertir a Durán en uno de los municipios más violentos del país. A medida que las batallas se intensificaban, estaba claro que no habría más debates internos: El bando de Diablo de los Latin Kings tendría que movilizarse si la organización quería sobrevivir a la guerra.

Estas luchas pronto se trasladaron a Quito, donde a todos los grupos criminales —pequeños y grandes— se les decía que tenían que elegir un bando. Para entonces, había media docena de bandos. No se trataba solo de los Choneros. Estaban los Lagartos, los Tiguerones y los Lobos, por nombrar solo algunos. Al parecer, algunos Latin Kings se resistieron, entre ellos Majestic, el orgulloso líder del ala sociopolítica de la organización, que dijo a confidentes de la época que le preocupaba su seguridad. Algunos de estos confidentes dijeron que intentaron sacarlo del país, pero sin éxito.

Las tensiones aumentaron y, el 9 de mayo de 2022, los Latin Kings se enfrentaron a los Lobos en un parque público de Quito. Al día siguiente, Majestic, su pareja y su perro fueron interceptados por hombres armados mientras conducían su Renault Sandero rojo por la zona oriental de la ciudad. Después de que el auto recibiera numerosas balas, Majestic se desvió hacia un poste donde los hombres detuvieron el vehículo, se bajaron y siguieron disparando. En total, se encontraron 20 casquillos de bala en el lugar de los hechos, y todos los ocupantes del carro, incluido el perro, estaban muertos.

King Majestic fue asesinado junto con su pareja y su perro el 9 de mayo de 2022. Crédito: Extra.ec.

La era de la pacificación había terminado.

El ‘Apocalipsis’

El asesinato de Majestic nunca se resolvió. Aunque la mayoría de las teorías se centraron en los Lobos, hubo otros que culparon a los Choneros. Los Latin Kings que InSight Crime consultó para este reportaje no estaban dispuestos a especular en público quién estaba detrás de su asesinato, pero un antiguo ñeta dijo a InSight Crime que todo se redujo a la negativa de Majestic a trabajar para estas bandas carcelarias. 

“Él siempre quiso mantener su nombre”, dijo el ñeta, refiriéndose a la lealtad de Majestic a los Latin Kings y al orgullo que sentía por su independencia. “No quería verlo desaparecer como desapareció el de los Ñetas”.

Su asesinato dejó a la organización desorganizada. La Corporación ha muerto y sus principales miembros se esconden. 

“Estamos viviendo un apocalipsis”, afirma el Latin King en Quito, que mantiene un perfil extremadamente bajo.

La Asociación también ha muerto, y Aleaga está escondido. Perdió su visa estadounidense y huyó del país después de que un periodista convertido en candidato presidencial, Fernando Villavicencio, publicara una fotografía suya con un presunto narcotraficante que era socio de Leandro Norero. Posteriormente, Villavicencio fue asesinado en medio de una campaña presidencial sangrienta sin precedentes.

Norero, el Ñeta que había aprovechado su participación en el proceso de pacificación para convertirse en un narcotraficante y lavador de dinero a gran escala, fue capturado y posteriormente asesinado en prisión. El escándalo provocado por su expediente —que incluye cientos de mensajes de texto y otras comunicaciones privadas— ha involucrado a jueces, fiscales y políticos, incluido Aleaga, por sus comunicaciones con Norero. Aleaga rechazó la solicitud de entrevista de InSight Crime, aunque en sus publicaciones en las redes sociales también ha negado cualquier implicación en actividades criminales.

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El caso también puede tener implicaciones para el propio proceso judicial de Diablo. La fiscal del caso de drogas de Diablo en 2014, por el que recibió su condena leve, ayudó a Norero y a su familia mientras estuvo enfermo de COVID-19 y admitió tener una de sus casas a nombre de ella.  

En la actualidad, las autoridades insisten en que Diablo es el máximo dirigente de los Latin Kings. Pero algunos Latin Kings han intentado distanciarse de él. El Latin King de Guayaquil dijo a InSight Crime que Diablo era un “asesor”.

“Consultamos con él, pero no es el líder”, dijo. “Lo que hace es personal”, añadió, refiriéndose a sus actividades criminales.

Pero otros Latin Kings dicen que Diablo es el líder de facto, lo quiera o no. Esto tiene algo de ironía. El Latin King de alto rango dijo que una vez le dijo que necesitaba a Majestic, que eran el “Ying y el Yang” de los Latin Kings, y que Majestic había desviado la atención y así Diablo podía dedicarse a sus actividades ilícitas. 

“Ahora que no hay líder, Diablito es el líder”, dijo el Latin King.

Diablo también puede haber ascendido en la escala criminal. Los rumores, desatados por un reportaje del tabloide británico Daily Mail, apuntaban a que Diablo trabajaba con narcotraficantes albaneses que utilizaban Durán como punto de escala para traficar cocaína a Europa. A los Latin Kings también se les ha vinculado con los Lagartos, los Tiguerones y los Lobos, entre otros.

La realidad, según numerosos funcionarios actuales y antiguos de las fuerzas de seguridad y de inteligencia consultados por InSight Crime, es que Diablo y los Latin Kings están en modo de supervivencia. Cada capítulo, desde Quito hasta Guayaquil, se está adaptando a su propio contexto y circunstancias, lo que podría explicar por qué los Latin Kings han sido conectados a tantas organizaciones criminales más grandes.

Esto incluye Durán, donde la guerra entre los Latin Kings y los Chone Killers se ha intensificado. En 2023, los Chone Killers asesinaron a un familiar de Diablo. Los Latin Kings respondieron, al parecer matando a un pariente de uno de los principales Chone Killers. Ese mismo año, los asesinatos en el municipio se dispararon a 456, un impresionante aumento de 40 veces desde el punto más bajo en 2017, cuando hubo solo 11 homicidios en Durán.  

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Durante este tiempo, Diablo ha mantenido sus negocios ilícitos, según las autoridades, sobre todo el de la venta de drogas a nivel local. Sigue siendo lucrativo. En los años posteriores a su salida de prisión, Diablo y algunos de sus socios crearon una empresa de procesamiento de cacao, una pequeña empresa de transporte y un servicio de limpieza llamado “The Magnificent of Cleaning”.

A medida que han empeorado los enfrentamientos en Durán, también lo ha hecho la reputación de los Latin Kings. Tras una terrible oleada de violencia en todo el país en enero, el gobierno declaró a los Latin Kings una de las 22 organizaciones “terroristas” de Ecuador. Podría ser una bendición. Una reputación feroz y el liderazgo de facto de Diablo pueden ser lo único que impida que la organización caiga en el olvido.

“Diablito es atrevido, extrovertido y lo está consiguiendo”, dijo el Latin King de alto rango. “Valiente. Cruza la línea. Nos da de comer. Cuando no lo consigamos con el gobierno, él lo hará por nosotros. Y no nos convertimos en ningún cartel. Seguimos siendo Reyes”.

Créditos de la investigación:

Escrito por: Steven Dudley, Alina Manrique

Editado por: María Fernanda Ramírez, James Bargent, Liza Schmidt, Lara Loaiza

Investigación adicional: Anastasia Austin, María Fernanda Ramírez, Gavin Voss

Verificación de datos: Lynn Pies, Salwa Saud

Dirección creativa: Elisa Roldán Restrepo

Diagramación de PDF: Ana Isabel Rico

Gráficos: Juan José Restrepo, María Isabel Gaviria

Redes sociales: Camila Aristizábal, Paula Rojas

Steven Dudley is the co-founder and co-director of InSight Crime and a senior research fellow at American University’s Center for Latin American and Latino Studies in Washington, DC. In 2020, Dudley...