Héctor Rusthenford Guerrero Flores, alias “Niño Guerrero”, líder principal del Tren de Aragua, el grupo criminal venezolano, murió en una operación conjunta entre Estados Unidos y Venezuela.

El ataque, cuya fecha exacta aún no ha sido confirmada, ocurrió durante la semana pasada y fue anunciado el 12 de junio. La administración Trump la ha presentado como la más reciente victoria de su estrategia contra capos. Sin embargo, es probable que su muerte tenga poco impacto en el Tren de Aragua y en el crimen organizado de la región.

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¿Quién era Niño Guerrero?

El criminal venezolano era uno de los más buscados de la región, con una notificación roja de Interpol y una recompensa ofrecida por Estados Unidos de US$5 millones por información que llevara a su captura. Su muerte plantea una serie de preguntas sobre el futuro del Tren de Aragua, una banda criminal que Trump aseguró, sin mostrar evidencia, que estaba siendo utilizada por el expresidente Nicolás Maduro para invadir Estados Unidos.

La carrera criminal de Niño Guerrero comenzó en el estado Aragua de Venezuela a comienzos de la década de los 2000. Durante varios años, incursionó en el narcotráfico, la venta de bienes robados y actos violentos que incrementaron su reputación criminal.

Fue capturado por primera vez en 2010 y enviado a la prisión de Tocorón por homicidio. Dos años después, escapó y estuvo prófugo durante un año. Cuando fue recapturado en 2013, su carrera criminal realmente despegó con la fundación de la organización carcelaria, el Tren de Aragua, desde Tocorón.

Años antes, la violencia en las cárceles de Venezuela se había desbordado, creando un enorme problema para el gobierno venezolano. Entre 2000 y 2015, la población carcelaria se triplicó con creces, y una serie de masacres puso al país bajo el foco internacional.

El gobierno venezolano hizo entonces un pacto con el diablo: a cambio de mantener bajos los niveles de violencia, los líderes de las bandas carcelarias del país, conocidos como pranes, el Estado les concedió control sobre sus prisiones. Niño Guerrero fue uno de esos líderes.

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Con Tocorón bajo su mando, Niño Guerrero la convirtió en su fortaleza. Dentro de sus muros, vivía en una casa de dos pisos y supervisó la incorporación de lujos como una piscina y un campo de béisbol. Controlaba quién entraba a la prisión, cobraba tarifas a los visitantes y exigía un impuesto a los presos, mientras él y sus lugartenientes podían entrar y salir a su antojo.

Y a medida que crecía el control de Niño Guerrero dentro de Tocorón, también aumentaba el alcance del Tren de Aragua.

De pranato a amenaza transnacional

Desde Tocorón, Niño Guerrero dirigía el imperio criminal del Tren de Aragua. Al principio, el grupo se enfocó principalmente en actividades de menor escala, como extorsiones, secuestros, venta de drogas, sicariato y robo de vehículos.

Con libertad para salir de Tocorón cuando quisieran, miembros del Tren de Aragua formaron nuevas células fuera de los muros de la prisión y absorbieron grupos criminales más pequeños, expandiendo el control del Tren de Aragua en Aragua.

Por la misma época, una ola migratoria recorría Venezuela. Impulsados por la inestabilidad económica y política de finales de la década de 2010, millones de venezolanos migraron a otros países de la región, entre ellos criminales venezolanos.

La expansión internacional no pareció ser un plan premeditado, pero el Tren de Aragua aprovechó la oportunidad. Envió miembros al extranjero para crear nuevas células y aliarse con grupos criminales locales. Como en Venezuela, el Tren de Aragua se involucró en extorsión, secuestro, tráfico de drogas a pequeña escala y lavado de dinero, pero también amplió su repertorio criminal, controlando la trata de personas y el tráfico de migrantes, los cuales impulsaron significativamente su alcance internacional. Sus nuevas células se concentraron en grandes comunidades de la diáspora venezolana, principalmente en Perú, Chile y Colombia.

A medida que crecía la reputación del grupo, también aumentaban los reportes sobre su presencia en la región, aunque algunos exageraban su alcance.

En el centro de esta red criminal estaba Niño Guerrero, recibiendo cuotas y moviendo los hilos desde su centro operacional en Tocorón.

La caída de Tocorón y la franquicia del Tren de Aragua

La presión sobre el entonces presidente Nicolás Maduro para actuar contra el Tren de Aragua fue en aumento. En busca de aprobación nacional e internacional ante las elecciones presidenciales que se acercaban, su administración lanzó una gran operación para retomar el control de Tocorón, enviando a miles de policías y soldados el 23 de septiembre de 2023.

Pero cuando las fuerzas de seguridad entraron a la prisión, muchos de los principales líderes del Tren de Aragua, incluido Niño Guerrero, ya se habían escapado.

Sin su centro de poder, prófugo y con una enorme recompensa por su captura, el control de Niño Guerrero sobre la red del Tren de Aragua se fracturó. En lugar de una organización centralizada, las células del grupo pasaron a operar más como franquicias, formando una red laxa de grupos criminales que apenas comparten un nombre.

¿Qué significa la muerte de Niño Guerrero para el futuro del Tren de Aragua?

A pesar de la toma de Tocorón, líderes y medios de comunicación en América Latina siguieron describiendo al Tren de Aragua como una de las mayores amenazas del crimen organizado latinoamericano, con Niño Guerrero como uno de los principales objetivos regionales.

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En 2024, la administración Trump ofreció una recompensa de US$5 millones por su captura. Luego, en 2025, designó al Tren de Aragua como “organización terrorista extranjera”.

La muerte de Niño Guerrero probablemente no tendrá un fuerte impacto en el futuro del Tren de Aragua, dada la naturaleza fragmentada y atomizada de la banda. Aunque seguía siendo la cabeza de un grupo con una reputación criminal desproporcionada, su poder había disminuido tras la toma de Tocorón.