Mientras algunos hombres desconocidos marchaban por una comunidad indígena rural en la provincia amazónica peruana de Condorcanqui, los lugareños observaban con sorpresa y confusión.

Uno de los hombres sostenía lo que parecía ser una pala y otro llevaba un saco al hombro mientras el grupo descendía por una colina a través de la comunidad, según lo que muestra un video de una organización de desarrollo local difundido el 17 de enero en Facebook. Los hombres iban fuertemente armados, de acuerdo a otra publicación de la organización, que evidencia la portación de rifles de alta potencia que la comunidad terminó confiscando al grupo.

Días después de la publicación, Francisco Yampis, alcalde de otra ciudad de Condorcanqui, ubicada en la frontera de Perú con Ecuador, dijo que eran Los Choneros, uno de los grupos criminales más grandes de Ecuador, quienes habían cruzado la frontera.

“Han entrado más de 30 kilómetros [en Perú]”, dijo Yampis en el programa de radio peruano “Exitosa”, señalando los intereses mineros ilegales del grupo en la zona.

La supuesta invasión de Los Choneros en Condorcanqui, cargada de incertidumbre, es representativa de la presencia oscura −y en gran medida no confirmada− de grupos ecuatorianos en Perú.

Aun así, varios factores, que van desde la atracción de las economías criminales de Perú, como el tráfico de drogas y la minería ilegal, hasta el endurecimiento de la seguridad en Ecuador, conducirían a que Perú se convierta en un terreno fértil para que los grupos criminales ecuatorianos puedan expandir su presencia en otros países.

Fronteras caídas en el olvido

Los medios de comunicación locales y los expertos en seguridad han advertido de la presencia de bandas ecuatorianas en Perú, aunque la falta de confirmación oficial hace que sea difícil de precisar.

Además de las incursiones de Los Choneros en Condorcanqui, los informes noticiosos que se remontan a 2023 apuntan a la presencia de la banda Los Tiguerones en Lima, la capital peruana. Allí, supuestamente estuvieron involucrados en guerras con la megabanda venezolana Tren de Aragua por los mercados de tráfico sexual.

Otros informes de los medios de comunicación señalan la presencia de Los Lobos, el grupo criminal más grande y quizás más poderoso de Ecuador. En agosto de 2023, la policía peruana detuvo a un sicario de Los Lobos en Aguas Verdes, una ciudad fronteriza peruana, después de que cruzara desde Ecuador, supuestamente para llevar a cabo un asesinato.

Sin embargo, los arrestos y los conflictos puntuales no son pruebas suficientes de que un grupo mantenga una presencia permanente en una zona, y sin confirmación oficial, es difícil de demostrar. La policía peruana rechazó la solicitud de información de InSight Crime.

Aun así, múltiples expertos en seguridad afirmaron que la presencia de grupos ecuatorianos en Perú está creciendo, especialmente en la región fronteriza.

Para Pablo Zeballos, un experto chileno en seguridad que ha estudiado Perú ampliamente, la expansión de los grupos ecuatorianos en el país refleja una extensión natural de las actividades en una región fronteriza que ha sido olvidada por ambas naciones durante mucho tiempo, más que una estrategia planificada por los líderes de los grupos.

“Es una frontera tradicional de comercio y de contrabando”, dijo a InSight Crime. “No se puede diferenciar dónde empieza Perú y dónde acaba Ecuador”.

Esta expansión podría verse facilitada por la falta de competidores claros. Perú carece de una tradición de grupos criminales fuertes como los que han surgido en Colombia, Brasil y ahora en Ecuador. El Tren de Aragua se aprovechó de la falta de competencia para consolidar su influencia en muchas partes de Perú, y estas lagunas podrían estar facilitando ahora la llegada de otros.

“Es absolutamente anómico”, dijo Rubén Vargas, experto peruano en seguridad y exministro del Interior, refiriéndose al panorama criminal de Perú.

El tráfico de drogas: un tire y afloje

Aunque su presencia puede ser aún oscura, Perú podría resultar un territorio atractivo para el tráfico de drogas para los grupos ecuatorianos, que se han visto presionados en su país por el gobierno, por un lado, y frente a un panorama de bandas cada vez más conflictivo, por el otro.

Las incautaciones de cocaína en Ecuador alcanzaron un récord en 2024 en medio de una represión militar contra el crimen organizado. La mayor presencia de las fuerzas del orden en los puertos, así como la naturaleza más competitiva y fragmentada del hampa, pueden haber empujado a los traficantes ecuatorianos a buscar otras opciones.

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“En el caso de Ecuador lo que pasa es que hay mayor presión, mayor trabajo de inteligencia de la policía, mayor persecución a las bandas delincuenciales. Por eso es que hay un efecto globo”, dijo Pedro Yaranga, un experto en seguridad peruano, a InSight Crime.

El puerto de Paita, en el norte de Perú, cerca de la frontera con Ecuador, es especialmente atractivo para el tráfico de cocaína, y recientemente se han producido grandes incautaciones de drogas, algunas de las cuales han descubierto cocaína procedente de Colombia, no solo de Perú, dijo Vargas a InSight Crime. Esto sugeriría que llegó a Perú a través de Ecuador.

“El puerto de Paita es uno de los puertos con menos seguridad […], y uno de los menos frecuentados por parte de las autoridades peruanas”, afirmó.

La fiebre del oro

Los grupos ecuatorianos también pueden estar tratando de entrar en la economía ilegal del oro de Perú, aprovechando las fronteras porosas y las oportunidades que ofrece el mayor punto caliente del oro ilegal de Sudamérica.

Perú representa el 44% de todas las exportaciones ilegales de oro de Sudamérica, más que cualquier otro país y muy por encima de la cuota del 9% de Ecuador, según las estimaciones del Instituto Peruano de Economía.

Los expertos culpan del problema de la minería ilegal en Perú a su Registro Integral de Formalización Minera (Reinfo), que permite a los mineros ancestrales e informales seguir extrayendo mientras esperan la formalización por parte del gobierno. Aunque la medida protege a los pequeños mineros que se dedican históricamente a esta actividad, se ha vuelto vulnerable a la explotación por parte de grupos criminales, que buscan en el registro, mal regulado, legitimar su extracción ilícita.

“Estas son comunidades que son muy, muy débiles para enfrentar el ingreso de actores criminales que quieran potenciar su economía o potenciar la minería ilegal”, dijo Zeballos a InSight Crime.

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Parte del oro ilegal extraído en Perú se ha exportado históricamente a Ecuador, aprovechando la limitada capacidad estatal para hacer frente a la cuestión. Un informe de febrero de 2024 del medio peruano El Comercio sugiere que esta sigue siendo una modalidad común. Pero el gran volumen de flujos de oro ilegal en Perú podría significar que los grupos ecuatorianos también consideren a Perú como un importante conducto para blanquear su oro extraído ilegalmente.

Los grupos ecuatorianos pueden incluso estar imitando las estrategias que utilizaron en su país para abrirse camino en la industria peruana.

Vargas, Yaranga, Zeballos y otros expertos en la materia señalaron la presencia de bandas ecuatorianas que proporcionan seguridad a grupos de mineros que operan sin autorización en Perú. Esto refleja las tendencias en Ecuador, donde Los Lobos comenzaron en la minería ilegal proporcionando seguridad a grupos de mineros, para luego expandirse y hacerse cargo por completo de sus operaciones mineras informales.

Las fronteras porosas, la falta de presencia estatal y la corrupción en las regiones fronterizas de Perú hacen probable una expansión de las actividades mineras. Yampis, el alcalde de Condorcanqui, reflejó estas preocupaciones.

“El Estado nos olvida”, dijo en el programa de radio “Exitosa”. “No hace absolutamente nada”.