Una reciente operación antinarcóticos de múltiples países y liderada por Colombia, que incautó 1.400 toneladas de droga, destacó la magnitud y complejidad del narcotráfico mundial, sugiriendo que las operaciones internacionales a gran escala podrían ser más habituales en el futuro. 

La decimocuarta edición de la Operación Orión, la prolongada campaña antidroga de Colombia, reunió a instituciones de 62 países para combatir el negocio ilegal de la droga y actividades ilícitas paralelas tanto en Colombia, el principal país productor de cocaína del mundo, como en sus alrededores.

Las 1.400 toneladas de droga incautadas durante la operación, que duró 45 días, tenían un valor estimado de US$8.500 millones, según un comunicado de prensa del 27 de noviembre del Ministerio de Defensa de Colombia. 

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Además de 225 toneladas de cocaína, las autoridades incautaron más de 1.000 toneladas de marihuana, 66 embarcaciones y detuvieron a más de 400 presuntos miembros de organizaciones criminales.

“Estos resultados (…) nos demuestran que la sinergia internacional entre aliados es indispensable para seguir enfrentando a las redes transnacionales criminales”, dijo el comandante de la Armada colombiana, Juan Ricardo Rozo Obregón, durante la presentación de los resultados de la operación. 

Las fuerzas descubrieron una nueva ruta de narcotráfico utilizada por narcosubmarinos entre América Latina y Australia tras descubrir un submarino que transportaba 5 toneladas de cocaína a 4.800 kilómetros (unas 3.000 millas) de la costa colombiana del Pacífico. En total, incautaron seis narcosubmarinos durante la operación.

A medida que el narcotráfico se hace cada vez más global y los grupos de traficantes siguen evolucionando, pasando de las tradicionales organizaciones verticales a redes horizontales, es posible que la cooperación internacional a través de megaoperaciones como Orión tenga que hacer lo mismo.

“La operación Orión es cada vez más grande, no solo por la cantidad de droga incautada, sino por el número de organismos y países involucrados. Eso es estupendo, porque se necesita una red para combatir una red”, declaró a InSight Crime Sjoerd Top, director ejecutivo del Centro de Análisis y Operaciones Marítimas (MAOC) de la Unión Europea, que participó en la operación.

Redes, no cárteles

Los resultados de la operación demuestran una vez más que los grupos delictivos monolíticos integrados verticalmente ya no dominan el tráfico de drogas. La naturaleza globalizada del narcotráfico significa que el proceso de producción, transporte y venta de la mayoría de las drogas se divide entre distintos grupos especializados en distintas fases de la cadena de suministro. La subcontratación de grupos delictivos más pequeños por parte de organizaciones más grandes es ahora habitual. 

En Ecuador, por ejemplo, bandas locales como los Tiguerones y los Choneros son subcontratadas por grandes grupos criminales regionales para transportar drogas a los puertos ecuatorianos, lo que contribuye a los altos niveles de violencia sin precedentes. Esos grandes grupos que presuntamente subcontratan bandas en Ecuador incluyen a los mexicanos Cartel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) y al Cartel de Sinaloa. En México, Colombia y partes de Centroamérica y el Caribe, una miríada de grupos desempeñan papeles similares distintos pero vitales a lo largo de la cadena de suministro. 

Las organizaciones de narcotráfico han evolucionado en los últimos años y ahora son “sistemas adaptativos complejos”, afirmó el Dr. Víctor Hugo Guerra Hernández en una rueda de prensa sobre la investigación de gran alcance. “Cuando miramos al Cartel de Medellín (…) la estructura era piramidal. Era una organización con una base y un actor en la cabeza, Pablo Escobar”. 

Sin embargo, grupos como el CJNG o Los Gaitanistas de Colombia, también conocidos como Clan del Golfo, Urabeños y Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC), son una red, Hernández agregó. «Es un sistema que se adapta a la complejidad del mercado. Cuando articulamos una intervención a alguno de los actores del sistema, no necesariamente significa que hayamos desmantelado o desarticulado o terminado con esa organización criminal».

Para seguir el ritmo de esta evolución criminal, las autoridades de los distintos países están intentando cooperar más estrechamente y compartir inteligencia.

Los puertos de Róterdam y Amberes, en los Países Bajos y Bélgica, han sido durante años los principales puertos de entrada de cocaína en Europa. Pero recientemente han registrado una reducción en las cifras de incautaciones de cocaína que alegan son el resultado de las alianzas internacionales en la lucha contra el narcotráfico. 

La explosión de la cocaína

Las redes criminales están evolucionando parcialmente como respuesta al aumento de la demanda de cocaína en mercados de consumo clave como Europa, la cual no parece frenar. Según un informe reciente del Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías (EMCDDA, por sus siglas en inglés), el consumo de cocaína en Europa se ha extendido de las grandes ciudades a las pequeñas poblaciones, a medida que la droga se hace más accesible en todo el continente.

La demanda en los mercados emergentes de partes de África y Asia también está creciendo, y la histórica incautación de 2,3 toneladas de cocaína en Australia, realizada el 1 de diciembre, sugiere que el país también es un mercado en ciernes para los traficantes de cocaína. En 2022, un kilogramo de cocaína podría alcanzar los 266.000 dólares en el este de Australia, según la policía federal del país.

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Esta demanda sin precedentes se alimenta de niveles récord de cultivo y producción de cocaína en Colombia. Este año, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD) reportó que el cultivo de coca en el país había aumentado un 10% entre 2022 y 2023, alcanzando las 253.000 hectáreas y ampliando la producción potencial de cocaína en un 53%. Colombia también dijo que había incautado 1.764 toneladas de cocaína este año, la cantidad más alta de la historia. 

Y los países vecinos informan lo mismo. Perú, el segundo país productor de cocaína del planeta, también ha conseguido incautaciones récord este año. Ecuador y la República Dominicana, dos centros neurálgicos de la cocaína, registran cifras históricas de incautaciones, y Guatemala, que desempeña un papel importante para la cocaína destinada a Estados Unidos, registró sus mayores incautaciones en cinco años.

Además de una cadena de suministro más especializada, los traficantes están adaptando sus métodos de tráfico. Con mayor frecuencia, los grupos criminales europeos están concentrando recursos y compartiendo infraestructuras de tráfico en beneficio mutuo. Los traficantes también envían mayores cantidades de pasta de coca —una forma más barata y burda de clorhidrato de cocaína que requiere procesamiento para convertirse en cocaína en polvo— en lugar de cocaína en polvo, a Europa, donde luego se procesa, señaló Sjoerd Top.

La naturaleza global de las drogas sintéticas

A esto se añade el desarrollo de drogas sintéticas en México, como la metanfetamina y el fentanilo, compuestos químicos creados en laboratorios sin necesidad de ingredientes de origen vegetal.

Aunque la operación Orión solo incautó 198 kilos de metanfetamina, la Agencia Antidroga de la Unión Europea sugiere que su consumo está aumentando en Norteamérica y Asia. Al mismo tiempo, el consumo europeo se mantiene estable, pero se está extendiendo. El 1 de diciembre, las autoridades mexicanas anunciaron que habían incautado 290 kilos de la droga en Veracruz, con destino a Camerún, en África Occidental. 
El consumo de metanfetamina está muy arraigado en México y Estados Unidos. Sin embargo, durante un trabajo de campo en Sinaloa, uno de los epicentros de la producción de metanfetamina, un narcotraficante dijo a InSight Crime que el objetivo de su organización era “enviar cristal [metanfetamina] a todo el mundo”.

Imagen principal: Presentación de la Armada colombiana sobre la Operación Orión. Crédito: Gobierno de Colombia.