El crimen organizado ha influido durante décadas en las elecciones de América Latina y el Caribe, desde la financiación de campañas políticas hasta la cooptación de instituciones y la manipulación de la gobernanza local mediante corrupción, coerción y violencia. Comprender estas dinámicas es clave para explicar cómo los grupos criminales ganan poder político y cómo las instituciones democráticas se erosionan de manera progresiva.

Lo último: Elecciones en Colombia en 2026

Abelardo de la Espriella, abogado, empresario y declarado admirador del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, obtuvo la victoria en el preconteo de la segunda vuelta presidencial celebrada el 21 de junio, derrotando por un estrecho margen, inferior al 1%, al senador y filósofo Iván Cepeda, heredero político del presidente Gustavo Petro.
El resultado abre la puerta a un giro radical frente al gobierno actual en distintos frentes, especialmente en materia de seguridad, drogas y paz.
Durante su campaña, De la Espriella apostó por un enfoque de “mano dura” para enfrentar al crimen organizado, en línea con otros gobiernos de la región. Entre sus propuestas figuran la construcción de 10 megacárceles, el combate directo a los grupos criminales, la erradicación aérea de todos los cultivos de coca en Colombia y el fin de las negociaciones de paz con los grupos armados del país.

Lo último: Elecciones en Perú en 2026

Keiko Fujimori ganó la presidencia de Perú tras una segunda vuelta extremadamente ajustada frente al izquierdista Roberto Sánchez Palomino, en una contienda marcada por denuncias de irregularidades y un país profundamente dividido.
Fujimori llega al poder con una agenda de mano dura contra el crimen, inspirada en parte en las políticas de seguridad de su padre, el expresidente Alberto Fujimori. Sánchez Palomino centró su campaña en la desigualdad social, la reforma institucional y el deterioro de la seguridad.
La victoria deja a Fujimori con escaso capital político para enfrentar la extorsión, la minería ilegal, la corrupción y el avance del crimen organizado, en medio de la persistente inestabilidad institucional de Perú.

InSight Crime ha cubierto durante los últimos 15 años la relación entre el crimen organizado y la política en las Américas. En Honduras, revelamos el explosivo caso del narcovideo, en el que aparecía Carlos Zelaya —cuñado de la presidenta Xiomara Castro— negociando sobornos con varios narcotraficantes de alto perfil durante la campaña presidencial de 2013. En Guatemala, hemos analizado el riesgo político y mapeado las redes de corrupción y poder que han moldeado los recientes ciclos electorales. También hemos investigado cómo grupos criminales en México y actores armados progubernamentales en Venezuela han recurrido a la violencia y la intimidación para influir en las votaciones y conservar el control político.

A continuación, encontrará toda nuestra cobertura sobre elecciones y crimen organizado.

Navegar por país

Los poderosos grupos armados de Colombia ejercen un amplio control sobre territorios y comunidades, moldeando las elecciones e influyendo sobre los políticos locales. Durante años, hemos analizado las dinámicas de seguridad y las políticas que han definido el panorama político del país.

El crimen organizado fue una de las principales preocupaciones en las últimas elecciones de Ecuador. Mientras una ola sin precedentes de violencia de bandas azotaba al país, Daniel Noboa hizo campaña —y ganó— con la promesa de implementar políticas de mano dura contra los grupos criminales.

La corrupción ha sido la principal preocupación en las recientes elecciones de Guatemala, donde los grupos criminales han influido en las votaciones mediante la compra de candidatos y las élites poderosas utilizan las instituciones para excluir competidores y aferrarse al poder.

La narcopolítica reina en Honduras, donde organizaciones de tráfico de drogas han financiado campañas políticas desde los niveles más bajos hasta las más altas esferas del poder. Aquí investigamos los profundos vínculos entre las élites y el crimen organizado, así como el ascenso y la caída de los actores más poderosos de Honduras.

En México, los grupos criminales transnacionales dominan muchos aspectos de la vida cotidiana. Durante los períodos electorales, estos grupos imponen control mediante el uso de la violencia para intimidar, influir y eliminar a candidatos que se niegan a negociar con ellos.

La política peruana ha estado marcada por escándalos en los últimos años, con vínculos con el tráfico de drogas y casos de corrupción que han obligado a varios políticos a renunciar. Estas crisis revelan hasta qué punto la corrupción y el crimen organizado han influido en el sistema político de Perú.

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En Venezuela, la línea entre los intereses del gobierno y los criminales es difusa, mientras las instituciones del Estado coordinan y cooperan con grupos criminales en busca de dinero y poder. Grupos armados progubernamentales controlan las elecciones a cambio de impunidad, mientras actores estatales participan en economías criminales para beneficio personal.

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