Los altos niveles de violencia indican cómo la otrora pacífica Costa Rica está sintiendo la presión del tráfico de cocaína. Pero, ¿va el país centroamericano por el mismo camino que Ecuador?

Los homicidios en Costa Rica han crecido lentamente en los últimos años, pero llegaron a un máximo histórico en 2023, con 907 asesinatos registrados, una tasa de 17,2 por cada 100.000 habitantes. Esto representó un incremento del 38% en los homicidios en comparación con 2022, cuando el país tuvo una tasa de 12,2 por cada 100.000 habitantes. En 2012, el país reportó solo 407 homicidios. 

Para hacer frente a la violencia, a mediados de octubre el presidente Rodrigo Chaves Robles expidió un decreto que permite que las fuerzas policiales usen armas automáticas en algunas situaciones. La medida, destinada a igualar las condiciones frente a criminales cada vez más fuertemente armados, iba acompañada de un video de la oficina presidencial.

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“En un pleito a balazos, las armas automáticas de grueso calibre, como la AK-47, llevan las de ganar … Esta lucha desigual tiene que parar ya y es por eso que, aunque algunos quieran seguir repartiendo abrazos a los que le dan balazos, el gobierno sí hará todo a su alcance para igualar las cosas», dice el video.

La ciudad portuaria caribeña costarricense de Limón, en la provincia de Limón, junto con el cercano puerto de contenedores de Moín, es un epicentro del narcotráfico y el punto de partida preferido para los envíos de cocaína a Europa. En 2023 se registraron 214 homicidios en la provincia de Limón, una cifra superior a la de San José, a pesar de tener una población tres veces menor. Los principales grupos narcotraficantes de la región quieren tener acceso a estos puertos para exportar cocaína fuera de América Latina, y socios locales que les ayuden. Como resultado, las organizaciones criminales locales de Costa Rica son cada vez más poderosas y sofisticadas.

La experiencia de Ecuador es una advertencia para Costa Rica, pues demuestra lo fácil que es que la violencia del crimen organizado se descontrole. En los últimos años, las redes extranjeras de narcotráfico transnacional se han atrincherado en el país, que limita con Colombia y Perú, dos de los mayores productores de cocaína del mundo, al tiempo que transportan cantidades récord de cocaína a los mercados internacionales. Los homicidios en Ecuador aumentaron un 74,5% de un año a otro en 2023, hasta alcanzar los 8.008, un candidato presidencial fue asesinado, la seguridad pública es débil y los secuestros abundan. Actualmente, el país está sumido en una costosa guerra contra las bandas, envalentonadas y fortalecidas por los beneficios del tráfico de cocaína.

Análisis de InSight Crime

Costa Rica está lejos de la situación de Ecuador, pero varias señales de alarma apuntan a un panorama de seguridad cada vez peor y tienen en vilo a las autoridades.

Los homicidios siguen siendo altos en San José, la capital y zona más poblada del país, y también en Limón, pero la violencia también aumenta en otras zonas como Puntarenas, en la costa Pacífica.

Los casos de corrupción que involucran a miembros del Poder Judicial aumentaron a más del doble entre 2019 y 2023. Los bajos salarios de la policía, que comienzan en unos US$600 al mes, han sido un punto de preocupación durante mucho tiempo por la vulnerabilidad de la policía a los sobornos y la corrupción.

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Además, según los informes, el crimen organizado está aprovechando las crecientes desigualdades sociales del país. Puntarenas en particular llamó la atención de Mary Fran Malone, profesora de ciencias políticas y asuntos internacionales de la Universidad de New Hampshire, autora de un estudio reciente sobre la percepción de la inseguridad en Costa Rica.

“No se trata solo de que Puntarenas sea una zona portuaria. Si se observan los niveles de actividad económica de los hombres entre 18 y 25 años, y los niveles de educación, y todos estos indicadores, se puede ver que el número de personas marginadas ha aumentado … Y eso va a ser un imán para el reclutamiento de las bandas», explicó a InSight Crime.

Los grupos delictivos están reclutando a personas de tan solo 13 años, según ha declarado el Organismo de Investigación Judicial (OIJ) de Costa Rica. Según Randall Zúñiga, jefe del OIJ, hay unos 5.000 pandilleros activos en el país. Y con la creciente disponibilidad de cocaína, los grupos criminales locales del país son cada vez más fuertes y complejos, según un informe sobre la evolución de las bandas en Pavas, San José.

Pero a pesar de ello, Costa Rica está en mejor posición que Ecuador para contrarrestar la creciente amenaza del crimen organizado.

El control del sistema penitenciario de Ecuador fue vital para la evolución de los grupos criminales del país. Bandas como los Lobos, los Choneros y los Tiguerones crecieron dentro del sistema penitenciario durante décadas antes de llevar a cabo asesinatos en las calles del país. Desde 2007, el entonces presidente Rafael Correa advirtió del peligro del control de las bandas sobre las prisiones, describiendo las cárceles del país como “una bomba de tiempo”. Pero 15 años después, las autoridades fueron incapaces de evitar las repetidas masacres en las cárceles que anunciaban la creciente fuerza de las bandas.

En Costa Rica no existe este problema. “Las bandas no controlan las cárceles como en otros países”, dijo a InSight Crime Randall Zúñiga, jefe del OIJ. El país tiene un bajo porcentaje de detenidos en prisión preventiva —alrededor de la mitad que Ecuador—, según el World Prison Brief. Esto reduce la mezcla de personas en espera de juicio con miembros de bandas y suprime una fuente tradicional de reclutamiento para estos grupos.

En respuesta a los problemas de corrupción, Chaves Robles anunció el 30 de julio el mayor aumento salarial de la historia de la policía. Además, la corrupción generalizada es mucho menor en Costa Rica que en Ecuador, según el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional, lo que contribuye a frenar cualquier intento de los grupos criminales de penetrar e influir en las instituciones públicas.

Costa Rica no tiene ejército para lanzar una respuesta militarizada a la invasión del crimen organizado, ya que disolvió sus fuerzas armadas en 1949. Sin embargo, el país está atento a las amenazas a las que se enfrenta y parece tener ya cierto éxito en la lucha contra la delincuencia. Se prevé que los homicidios de este año disminuyan ligeramente, dijo Zúñiga a InSight Crime. Los informes del OIJ indican una caída del 3,36% en los homicidios durante el primer semestre de 2024 en comparación con el mismo periodo del año pasado.

En este sentido, la situación de seguridad de Costa Rica es quizás más cercana a la de Chile que a la de Ecuador.

En Chile, las organizaciones de narcotraficantes y la megabanda venezolana, Tren de Aragua, impulsaron un aumento del 32% de los homicidios en 2022. Una posterior caída del 7% en 2023 ayudó a disipar los temores de un colapso similar al de Ecuador. Un mensaje claro del presidente Gabriel Boric de que Chile, y en particular el Área Metropolitana de Santiago, tiene un problema de delincuencia, ayudó al gobierno a actuar con rapidez. Por ejemplo, el gobierno incorporó recientemente 500 agentes a la fuerza policial de Santiago, anunció la construcción de una prisión donde solo se recluirá a los líderes de los grupos criminales y publicó planes para reforzar su región fronteriza del norte, donde se ha centrado gran parte de la violencia.

Aunque aún no ha terminado el año, los primeros indicios apuntan a que los homicidios podrían descender en Costa Rica este año. Apodada en su día la Suiza de Centroamérica, Costa Rica podría resistir mejor al crimen organizado transnacional y contener el interés y la influencia del tráfico mundial de cocaína.

Imagen principal: Miembros del OIJ de Costa Rica investigan la escena de un crimen tras un tiroteo. Crédito: Unidad de Exiliados Nicaragüenses